El deterioro de rutas y caminos rurales dejó de ser solamente un problema de mantenimiento y se convirtió en un obstáculo para la producción, la logística y el desarrollo del interior, advirtió la Fundación Producir Conservando.
El diagnóstico, elaborado a partir de información de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) y la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), planteó la necesidad de abandonar las reparaciones de emergencia y avanzar con un programa de reconstrucción y conservación de largo plazo.
Entre el 65% y el 70% de los aproximadamente 37.800 kilómetros que integran la Red Vial Nacional se encontrarían en condiciones regulares o deficientes. La situación fue atribuida a la falta de mantenimiento sostenido y a la paralización de obras.
Rutas estratégicas en estado crítico
El informe identificó situaciones críticas en las rutas nacionales 33, 151, 7, 5, 3, 34, 66, 121, 119, 120 y A015. Esos corredores atravesaban regiones agrícolas y ganaderas o conectaban zonas productivas relacionadas con Vaca Muerta, la minería, la actividad forestal, el turismo y el comercio internacional.
En varios de esos trayectos, el simple bacheo ya no sería suficiente debido al deterioro estructural de las calzadas. La Fundación Producir Conservando señaló que esas rutas requerían reconstrucciones integrales, inversiones sostenidas y una planificación basada en la relevancia productiva y logística de cada corredor.
“El deterioro de rutas y caminos rurales ya no puede entenderse solamente como un problema de mantenimiento. Su impacto alcanza a la producción, la logística, la competitividad, la seguridad vial y el desarrollo del interior del país”, sostuvo la entidad.
El tránsito de arena desde Entre Ríos
El documento destacó la presión que ejerció sobre determinados corredores el movimiento de camiones que transportaban arena desde Entre Ríos hacia Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén.
Ese flujo comparte las rutas con el transporte de granos, mercaderías, pasajeros y turistas que se dirigían hacia el sur del país. La circulación intensiva de vehículos pesados aceleró el desgaste de las calzadas y aumentó la necesidad de reforzar las tareas de mantenimiento.
Como ejemplo de la exigencia sobre la infraestructura, el informe proyectó un tránsito de 10.749 vehículos diarios sobre la Ruta Nacional 5, con una participación del 30,2% de camiones y otras unidades pesadas. En sectores de la Ruta Nacional 3, esa proporción alcanzaría el 57,4%.
Caminos rurales, un problema menos visible
El diagnóstico indicó que Argentina contaba con más de 500.000 kilómetros de caminos rurales, de los cuales unos 260.000 kilómetros se encontraban en la Pampa Húmeda.
Para el sector agropecuario, esos trazados representaban la primera conexión entre los establecimientos productivos y las rutas pavimentadas, los acopios, las plantas industriales y los puertos.
Su estado también condicionaba el acceso de las familias rurales a escuelas, centros de salud, servicios de seguridad y comunicaciones. Cuando los caminos quedaban intransitables, las consecuencias alcanzaban tanto a la actividad económica como a la vida cotidiana de pueblos y parajes.
Productores denunciaron pérdidas económicas
Una encuesta de la UADE determinó que el 79% de los consultados consideró que los caminos rurales estaban en malas o muy malas condiciones. Además, el 75% sostuvo que no podían utilizarse durante todo el año.
El relevamiento mostró que el 68% de los productores había sufrido pérdidas económicas por el estado de los caminos y que el 59% estimaba que esa situación incrementaba sus costos logísticos en más de un 10%.
A su vez, siete de cada diez productores manifestaron su disposición a colaborar con municipios y provincias para mejorar la asignación de recursos, el mantenimiento y la administración de las trazas rurales.
Una estrategia de largo plazo
La Fundación Producir Conservando propuso desarrollar mecanismos de cooperación entre el sector privado, los municipios y los gobiernos provinciales, con objetivos definidos, controles y criterios de prioridad para sostener las obras más allá de las emergencias.
El deterioro vial incrementó los tiempos de traslado, el consumo y mantenimiento de los vehículos y el riesgo de pérdidas de mercadería. Esos costos terminaron afectando la competitividad de las cadenas productivas y exportadoras, publicó Bichos de Campo.
La entidad sostuvo que la infraestructura vial debía considerarse una inversión estratégica para generar empleo, atraer nuevos proyectos y favorecer el arraigo en el interior. Para los corredores más dañados, reclamó combinar reconstrucción, mantenimiento preventivo y priorización de obras según su importancia productiva.
