Quiénes tienen mayor riesgo de hígado graso y cuándo consultar

El hígado puede acumular grasa durante años sin provocar síntomas. Por eso, Harvard Health Publishing aconseja evaluar a las personas con diabetes tipo 2 y a quienes tienen exceso de peso junto con otros factores de riesgo metabólico, como presión alta, colesterol bajo y alteraciones de la glucosa.

Esta condición, antes llamada hígado graso no alcohólico, se conoce hoy como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD). Es una de las formas de enfermedad hepática esteatósica, un término más amplio que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a cerca de 1.700 millones de personas en el mundo.

Además de los casos vinculados a alteraciones metabólicas, esta categoría incluye los relacionados con el consumo de alcohol y las formas mixtas, en las que coinciden ambos factores.

 

La diabetes tipo 2 y varios factores metabólicos definen a la población que debería evaluarse
La guía de la American Gastroenterological Association (AGA), citada por Harvard, aconseja evaluar a las personas con diabetes tipo 2. Esta enfermedad suele estar asociada a la resistencia a la insulina, que dificulta el uso de esa hormona por parte del organismo. Como resultado, el hígado convierte una parte del exceso de azúcar en lípidos; su acumulación puede causar inflamación y, con el tiempo, cicatrices en el órgano.

También deberían controlarse quienes tienen un índice de masa corporal (IMC) de 25 o más —23 o más en personas de ascendencia asiática— y al menos uno de estos factores de riesgo metabólico:

Circunferencia de cintura de 94 centímetros o más en hombres (37 pulgadas) o de 80 centímetros o más en mujeres (31,5 pulgadas).
Glucosa en ayunas de entre 100 y 125 mg/dL, o hemoglobina glicosilada (HbA1c) de entre 5,7% y 6,4%, valores compatibles con prediabetes.
Presión arterial alta o tratamiento para controlarla.
Triglicéridos en ayunas de 150 mg/dL o más.
Colesterol HDL menor de 40 mg/dL en hombres o de 50 mg/dL en mujeres.
La evaluación también se recomienda cuando una ecografía, tomografía o resonancia detecta grasa en el hígado por otro motivo. Harvard Health Publishing incluye además a las personas con trastorno por consumo de alcohol, ya que este puede dañar el órgano o agravar un problema ya existente.

La enfermedad puede progresar sin síntomas hacia fibrosis y cirrosis
La MASLD no se limita a quienes tienen sobrepeso u obesidad. Según la información recopilada por Harvard Health Publishing, hasta 1 de cada 5 personas afectadas tiene un índice de masa corporal dentro de valores considerados normales, un patrón denominado MASLD en personas delgadas.

En una parte de los casos, la acumulación de grasa se acompaña de inflamación y lesión de las células hepáticas. Esa variante se llama esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH). Si persiste, puede generar fibrosis, es decir, cicatrices en el hígado; en sus etapas más avanzadas, el proceso puede derivar en cirrosis.

Hasta la mitad de las personas con hígado graso puede tener enzimas hepáticas normales, por lo que un análisis convencional sin alteraciones no descarta por sí solo el problema. La fatiga o una molestia en la parte superior derecha del abdomen pueden aparecer con el tiempo, pero son síntomas imprecisos y muchas personas no los desarrollan.

El puntaje FIB-4 permite estimar el riesgo antes de indicar estudios especializados
La primera instancia de evaluación suele ser el FIB-4, un cálculo que combina edad, recuento de plaquetas y los valores de dos enzimas del hígado: alanina aminotransferasa (ALT) y aspartato aminotransferasa (AST).

Un resultado de hasta 1,3 se considera de bajo riesgo en personas menores de 65 años; el umbral asciende a 2,0 a partir de esa edad. En esos casos, el control puede continuar en atención primaria, con una nueva medición cada uno o dos años, según las recomendaciones difundidas.

Si el FIB-4 supera esos valores, el equipo médico puede solicitar una elastografía transitoria, también llamada FibroScan. Esta prueba no invasiva mide la rigidez hepática: cuanto más rígido es el tejido, mayor puede ser el grado de cicatrización. Los resultados compatibles con daño moderado, avanzado o cirrosis requieren seguimiento por gastroenterología.

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK) precisa que las ecografías, tomografías y resonancias pueden detectar grasa hepática, pero no determinan por sí mismas si hay inflamación o fibrosis.

La biopsia continúa siendo el método que confirma la MASH y permite establecer con mayor precisión el grado de daño, aunque no se indica de forma rutinaria para todas las personas.

El control del peso, la glucosa y el alcohol sigue siendo la base del tratamiento
De acuerdo con Harvard Health Publishing, el abordaje busca reducir los factores que favorecen el daño hepático. Esto incluye tratar el exceso de peso cuando esté presente, mejorar el control de la glucosa en personas con diabetes o prediabetes, corregir alteraciones de colesterol y triglicéridos, y limitar o suspender el consumo de alcohol según la situación clínica.

Además de los cambios en los hábitos y el control de los factores metabólicos, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó resmetirom en 2024 y semaglutida inyectable en 2025 para pacientes con MASH y fibrosis en estadios 2 o 3. El uso de estos medicamentos debe definirse de manera individual con el equipo de salud.

La consulta clínica permite revisar antecedentes, consumo de alcohol, medicación, alimentación, actividad física y resultados de laboratorio. También ayuda a descartar otras causas de alteración hepática antes de definir el seguimiento o el tratamiento.

 

Bebidas e infusiones útiles
  • Café: Beber entre 2 y 4 tazas de café filtrado al día ayuda a disminuir las enzimas dañinas en el hígado.
  • Té verde: Contiene antioxidantes que reducen la acumulación de grasa hepática.
  • Cardo mariano: Posee silimarina, un compuesto que protege las células del hígado y disminuye la inflamación.

 

 

Hábitos y estilo de vida
  • Dieta equilibrada: Prefiere la Dieta Mediterránea rica en verduras, granos enteros, aceite de oliva y grasas saludables con omega-3.
  • Ejercicio regular: Realiza actividad física aeróbica o de fuerza para mejorar la resistencia a la insulina y quemar la grasa acumulada.
  • Hidratación: Bebe abundante agua durante el día para facilitar la eliminación de toxinas.

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