La quiebra de Garbarino avanzó hacia su etapa final con el cierre de los últimos locales y el inicio del proceso de liquidación de bienes dispuesto por la Justicia. La medida fue ordenada por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, a cargo del juez Fernando D’Alessandro, luego de que la empresa no lograra renegociar su deuda ni conseguir inversores.
La decisión judicial implicó el desarme de la estructura mínima que aún mantenía la compañía, que atravesaba una crisis desde hacía al menos cinco años. En ese marco, se concretó la liquidación de parte del stock remanente y el cierre de las tres últimas sucursales que permanecían abiertas, ubicadas en la ciudad de Buenos Aires.
Cierre de locales y proceso judicial
Los locales que dejaron de operar fueron el de la avenida Cabildo, en el barrio de Belgrano; el de la calle Uruguay, frente a Tribunales; y el outlet de Almagro. Con estas clausuras, la cadena puso fin a su presencia comercial física en el país.
En paralelo, comenzó la transferencia de los bienes de la empresa a la sindicatura, que tendrá a su cargo la administración y posterior liquidación de los activos para afrontar el pago de las deudas.
Hasta el 24 de junio, los acreedores podrán presentar sus reclamos en el proceso de verificación del pasivo, que incluye a entidades bancarias, proveedores y exempleados. La medida se enmarca en la inhibición general de bienes y la prohibición de continuar con la actividad comercial.
Activos en liquidación y situación productiva
Entre los activos a liquidar figuran no solo las sucursales y el inventario, sino también las plantas industriales Tecnosur y Digital Fueguina, ubicadas en Tierra del Fuego, que se encontraban paralizadas. Estos establecimientos no lograron venderse en instancias previas y ahora integran el conjunto de bienes a subastar.
El último informe de la sindicatura detalló que en enero la empresa registró ventas por apenas 1,7 millones de pesos, mientras que el inventario alcanzaba las 1.597 unidades, muchas de ellas calificadas como mercadería obsoleta o deteriorada.
Además, el histórico centro logístico de La Tablada dejó de funcionar, y solo permanecía operativo un depósito en Garín, de menor escala.
El futuro de la marca y el final de la empresa
Uno de los puntos que genera incertidumbre es el destino de la marca Garbarino, considerada el activo más valioso de la firma por su reconocimiento en el mercado. En ese sentido, la sindicatura solicitó la apertura de un proceso específico para preservarla y eventualmente ponerla en venta.
La empresa, fundada en 1951 por los hermanos Daniel Garbarino y Omar Garbarino, llegó a contar con más de 200 sucursales y unos 4.500 empleados en todo el país. Sin embargo, al momento de la quiebra, solo quedaban cerca de 20 trabajadores.
Desde 2020, la firma estaba en manos del empresario Carlos Rosales, quien había adquirido el grupo en un intento de reestructuración que no prosperó. Durante ese período, también se frustraron distintas negociaciones con potenciales inversores.
El proceso de salvataje, conocido como cramdown, no logró atraer ofertas concretas. La única firma interesada, Vlinder, no presentó una propuesta formal. Situación similar ocurrió con Compumundo, que tampoco consiguió compradores.