Deniro Hamburguesería SAS, la cadena que llegó a superar los 30 locales y se hizo conocida por sus hamburguesas de entraña, volvió a ser declarada en quiebra. La nueva resolución judicial se produjo apenas unos meses después de que la empresa consiguiera revertir un proceso anterior mediante el depósito de $21,4 millones.
La firma atravesó esta segunda quiebra con una estructura muy distinta de la que tuvo durante su etapa de expansión. La compañía ya no operaba locales propios y su planta de producción permanecía cerrada. El inmueble donde funcionó parte de esa estructura aparecía ofrecido en alquiler.
El nuevo expediente se inició por un reclamo de Cristian David Failla, relacionado con una causa laboral por despido. La presentación señaló un incumplimiento de la empresa y el vencimiento del plazo que tenía para demostrar que no se encontraba en cesación de pagos.
La Justicia volvió a intervenir los bienes
La resolución fue adoptada en septiembre por el fuero comercial, que dispuso nuevamente la intervención sobre los bienes de Deniro Hamburguesería SAS. También extendió la inhabilitación a sus administradores, Nicolás Ignacio Sánchez y Esteban Matías Siderakis.
El tribunal ordenó inspeccionar los domicilios relacionados con la compañía para comprobar si allí quedaban bienes, documentos u otros elementos pertenecientes a la sociedad. Uno de los lugares incluidos en la medida estaba ubicado en Pasaje Andorra 7463/65, en el barrio porteño de Liniers.
En ese establecimiento, la Justicia dispuso realizar una constatación e inventariar los bienes existentes. También contempló la posibilidad de cerrar el lugar si no se verificaban condiciones que permitieran continuar con alguna actividad.
La planta productiva apareció en alquiler
El inmueble vinculado con la antigua estructura productiva de Deniro aparecía publicado en el mercado inmobiliario. Se trataba de un galpón de aproximadamente 949 metros cuadrados, equipado con montacargas, instalación eléctrica trifásica y espacios acondicionados para una actividad industrial.
La planta había sido una pieza central del modelo comercial de la empresa. Desde allí se elaboraban hamburguesas, panes y otros productos destinados a abastecer los distintos puntos de venta de la cadena.
El cierre y la posterior oferta en alquiler del inmueble reflejaron la reducción de una compañía que había construido buena parte de su crecimiento mediante franquicias. Aunque la marca llegó a conservar locales administrados por franquiciados, la sociedad alcanzada por la quiebra había dejado de desarrollar la estructura operativa que sostuvo su expansión.
El crecimiento de una cadena con más de 30 locales
Deniro fue fundada por Nicolás Sánchez y Esteban Siderakis, quienes desarrollaron una propuesta gastronómica centrada en las hamburguesas elaboradas con entraña. Ese producto le permitió diferenciarse dentro del mercado de las hamburgueserías artesanales.
Durante su período de mayor crecimiento, la compañía superó los 30 puntos de venta. La expansión estuvo apoyada principalmente en la apertura de franquicias y en la instalación de una planta propia para elaborar los insumos de la red.
Con el paso del tiempo comenzaron a acumularse conflictos con diferentes actores relacionados con el negocio. Hubo reclamos de proveedores, franquiciados y exempleados, además de causas judiciales vinculadas con obligaciones que no habían sido canceladas.
Cheques rechazados y reclamos judiciales
Los registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA) llegaron a mostrar cheques rechazados atribuidos a la compañía por una cifra cercana a los $5.000 millones, según la información publicada sobre la situación financiera de la firma.
Los cuestionamientos no quedaron concentrados en un único frente. Algunos franquiciados reclamaron por las condiciones comerciales, mientras que proveedores y trabajadores acudieron a la Justicia para exigir el pago de distintas deudas.
La acumulación de obligaciones y expedientes desembocó en la primera declaración de quiebra, dictada el 25 de noviembre de 2025 por el Juzgado Nacional en lo Comercial Nº 27, a cargo de la jueza María Virginia Villarroel.
La primera quiebra había sido revocada
La primera resolución ordenó que los bienes de la empresa quedaran a disposición del síndico e impidió que la sociedad recibiera pagos directos. También abrió el procedimiento para que los acreedores presentaran sus pedidos de verificación.
Sin embargo, en febrero de 2026 la empresa depositó judicialmente poco más de $21,4 millones. El tribunal consideró que la suma era suficiente para desvirtuar el estado de cesación de pagos que había motivado la medida y resolvió levantar la quiebra, según informó entonces Ámbito.
La revocación judicial no implicó una recuperación de la actividad comercial. Para ese momento, la compañía ya había reducido considerablemente su estructura y enfrentaba reclamos pendientes.
Un nuevo proceso pocos meses después
La nueva quiebra mostró que el depósito efectuado para frenar el expediente anterior no resolvió el conjunto de los problemas financieros y judiciales de la sociedad. Esta vez, el proceso comenzó a partir de un reclamo laboral por despido.
La medida volvió a colocar el patrimonio de la empresa bajo intervención judicial. El procedimiento deberá determinar qué bienes conserva la sociedad, cuál es el volumen de sus obligaciones y cómo se tramitarán los reclamos de los acreedores.
