Mariano Gabriel Cuevas tenía apenas unos días de vida cuando una grave complicación puso en riesgo su salud y marcó para siempre la historia de su familia. Hace 29 años, el recién nacido quedó internado en Neonatología del Hospital San Felipe, mientras su padre, el médico y fotógrafo Leo Cuevas, encontró en una imagen de la Virgen del Rosario de San Nicolás un refugio ante la incertidumbre. Con el paso de los años, interpretó la recuperación de su hijo como un milagro.
El bebé iba a llamarse Joaquín, pero pocas horas después de su nacimiento sufrió una infección pulmonar que, según el relato familiar, afectó varios de sus órganos. Los profesionales trabajaban para encontrar una respuesta al cuadro mientras su padre recorría los pasillos del establecimiento sanitario esperando novedades.
A tres días del nacimiento, Cuevas bajó hasta el sector donde permanecía internado su hijo y reparó en una imagen de la Virgen que, pese a haber transitado muchas veces por allí, aseguró que nunca antes había observado. “Pasé cientos de veces, nunca noté la presencia ni su imagen, hasta ese día que recé con todas mis fuerzas. Como médico considero que fue un milagro”, recordó.
La promesa ante la Virgen del Rosario
En medio de aquel momento crítico, el médico hizo una promesa: si su hijo lograba recuperarse, acudiría todos los días 25 de cada mes durante diez años consecutivos al Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás para agradecer y rezar.
La evolución favorable del pequeño fortaleció la convicción religiosa de Cuevas, quien posteriormente cumplió con aquella promesa. La experiencia también llevó a los padres a modificar una decisión que habían tomado antes del nacimiento: el nombre de su hijo.
“Tenía que agradecer y a orar, lo cumplí. Mariano se iba a llamar Joaquín por Sabina, pero luego de este momento que yo creo fehacientemente como médico que fue un milagro, decidimos con la madre nombrarlo Mariano Gabriel, el último por ser el ángel protector de los bebés y las embarazadas”, relató.
De Joaquín a Mariano Gabriel
La elección de Mariano Gabriel quedó así directamente vinculada a la experiencia que atravesó la familia. Para Cuevas, el episodio representó un punto de inflexión que reforzó un vínculo con la Virgen que continuó durante las décadas siguientes.
A partir de entonces, el médico y fotógrafo mantuvo una estrecha relación con el Santuario y comenzó a participar de diferentes acontecimientos relacionados con la devoción mariana. Su profesión detrás de la cámara también le permitió documentar parte del movimiento religioso que cada año genera la Virgen del Rosario de San Nicolás.
La historia vuelve a cobrar relevancia a medida que se acerca el 25 de septiembre, una fecha especialmente significativa para los fieles que llegan hasta San Nicolás. En ese contexto, numerosos creyentes recuperan testimonios personales que atribuyen a la intercesión de la Virgen.
Las fotografías que llegaron hasta el papa Francisco
La relación de Cuevas con la devoción también quedó plasmada en un libro en el que reunió parte de su trabajo fotográfico. La publicación trascendió el ámbito local y, según contó, dos ejemplares fueron enviados al papa Francisco.
“El exobispo Héctor Cardelli le envío dos ejemplares al papa en una caja con una carta hecha por mí y una foto de mis hijos. Preparé todos los libros, una carta y una caja recuerdo para el Vaticano”, recordó Cuevas sobre aquella experiencia en diálogo con Diario El Norte de San Nicolás.
Actualmente ya no quedan ejemplares a la venta, pero el trabajo se convirtió en otro capítulo de una historia que comenzó hace casi tres décadas en los pasillos del Hospital San Felipe. Copias del material también llegaron, según relató, a figuras como Mirtha Legrand, Leonardo Ponzio, Pablo Aimar, Zeta Bosio, Graciela Borges y Alejandro Lerner, entre otras personalidades.
Una historia familiar atravesada por la fe
A 29 años de aquellos días de incertidumbre, la recuperación de Mariano Gabriel Cuevas continúa siendo interpretada por su padre desde una profunda convicción religiosa. Cuevas sostiene esa mirada no solo como creyente, sino también desde su experiencia como médico.
La promesa cumplida durante una década, el cambio de nombre de su hijo y el posterior vínculo con el Santuario quedaron como consecuencias de aquel episodio. La recuperación médica es un hecho dentro del relato familiar; su consideración como milagro corresponde a la interpretación de Cuevas desde su fe.
Así, en vísperas de una nueva celebración de la Virgen del Rosario de San Nicolás, la historia de Mariano Gabriel vuelve a ser recordada como uno de los testimonios de familias que vinculan momentos decisivos de sus vidas con la devoción mariana.
