Los restos de Hebe de Bonafini descansan en Plaza de Mayo

    Nov 24, 2022

    Las cenizas de Hebe de Bonafini, última presidenta de Asociación Madres de Plaza de Mayo, fueron esparcidas en la Plaza de Mayo, en una multitudinaria y emotiva ceremonia de la que participaban dirigentes políticos, sociales y gremiales, además de referentes de la cultura.

    Como es tradición cada vez que fallece una de las integrantes de la Asociación, las cenizas de Bonafini fueron colocadas en un hoyo cavado en el jardín del perímetro que rodea la Pirámide de Mayo, momento que fue acompañado por otras integrantes de Madres, en medio de un fervoroso aplauso que derramó al resto de la histórica plaza.

    La plaza desbordó las expectativas de las Madres que convocaron a participar de su tradicional ronda de los jueves para homenajear la memoria y legado de quien fue su presidenta desde 1979, Hebe de Bonafini, fallecida el domingo pasado a los 93 años.

     

    Poco antes de las 15.30, la camioneta que habitualmente trasladaba a Hebe y al resto de las integrantes de la Asociación, ingresó a una Plaza de Mayo colmada de banderas y fotos de la referente de derechos humanos, donde fueron recibidas con aplausos y muestras de afecto por una multitud, entre las que se encontraba el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el dirigente de La Cámpora y ministro de Desarrollo de la Comunidad de la provincia, Andrés «Cuervo» Larroque, entre otros dirigentes de distintos sectores.

    Entre los presentes se alcanzó a ver a la cantante Teresa Parodi, el Padre Paco Olveira, del Grupo de Curas en Opción por los Pobres; el exministro de Economía, Amado Boudou, el gremialista Daniel Catalano (ATE-Capital), y al ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa.

     

    Con este acto, Hebe volvió a ser parte -como lo hizo cada jueves de las últimas décadas- de la histórica ronda de las Madres, la número 2328, que esta vez debió realizarse en las calles periféricas a la plaza por la enorme presencia de jóvenes y columnas de organizaciones políticas, sociales, de derechos humanos, militantes, dirigentes y funcionarios del Frente de Todos (FdT).

    «Continuemos con la lucha para que de una vez por todas podamos construir esa Patria justa, libre, soberana, equitativa e igualitaria; compañeros continuemos el camino», pidió sentada desde un escenario Sara Mrad, una de las cinco Madres que esta tarde cumplió con el deseo de Hebe de que sus restos descansaran en la Plaza de Mayo.

    También, el histórico militante Demetrio Iramain exhortó a «reivindicar y defender» a Bonafini, pidió no «inventar una Hebe a la medida» de cada uno y llamó a «luchar como ella» y a materializar la última convocatoria de la presidenta de Madres: «Una pueblada contra el partido judicial, un 19 y 20 de diciembre» contra los magistrados que «quieren encarcelar a Cristina (Fernández de Kirchner) y nos quieren dejar sin el sueño de volver a ser felices».

    «Eso no lo vamos a permitir con el mandato de Hebe que vamos a llevar adelante», aseguró mientras los aplausos se sucedían, al igual que los cánticos y las consignas: «Madres de la Plaza, el pueblo las abraza».

    Bonafini, en un video que la asociación publicó en sus redes sociales el domingo pasado, había expresado que: «El día que yo me muera no tienen que llorar, tienen que bailar, tienen que cantar, hacer una fiesta en la plaza porque hice lo que quise y dije lo que quise».

    Poco antes de las 15.30, la camioneta blanca con la leyenda «Ni un paso atrás» llevó hasta la Pirámide de Mayo a las madres Mrad; Josefa Fiore (91 años); Visitación de Loyola (98 años); Carmen Arias; Irene de Chueque, acompañadas por Iramain.

    En medio de aplausos, abrazos y cantos, las mujeres fueron recibidas allí por el gobernador Axel Kicillof; el ministro bonaerense Andrés Larroque; y el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti.

    Después, en una ceremonia sencilla y emotiva, las cenizas de Bonafini fueron colocadas -junto a un rosario que le había regalado el Papa Francisco- al pie de uno de los arbustos del pequeño jardín circundante a la Pirámide, donde también se pusieron rosas blancas y una planta de jazmín.

     

    «Hebe no se fue, está con nosotros», dijo más tarde con la ternura de sus 98 años en la voz Visitación de Loyola, desde el escenario, frente a una multitud conmovida que replicó en su gestualidad uno de los lemas de Bonafini: «Amor con amor se paga».

    Así, el legado de Bonafini quedó cristalizado, no sólo en la participación masiva de la ronda, sino en las banderas y pancartas, que desde temprano poblaron la plaza con palabras como «Gracias», «Hasta la victoria siempre» y «Hebe, bella aguerrida».

    Ramos de flores fueron colgados en las rejas y todo el perímetro de rejas alrededor de la Pirámide también plasmó con fotos distintos momentos de la vida de Hebe, muchos junto a Néstor y Cristina Kirchner y también acompañada por jóvenes militantes.

    Pero, además, en la convicción de los discursos de sus compañeras: «La política no es un camino para conseguir un cargo, sino para construir un proyecto donde la distribución de la riqueza esté en el pueblo, donde la vida es vida, donde garanticemos que los niños sean felices», como dijo Chueque, una de las oradoras.

     

    Junto a Azucena Villaflor

    Los restos de Bonafini descansan en la Plaza de Mayo, al igual que los de Azucena Villaflor de Vicenti, la primera madre, cuyas cenizas permanecen enterradas en la base de la Pirámide de Mayo, el mismo sitio donde hace 45 años las mujeres de pañuelo blanco comenzaron su lucha por los derechos humanos contra el terrorismo de Estado.

    El 30 de abril de 1977, en pleno auge de la dictadura cívico militar, un grupo de mujeres encabezadas por Villaflor de Vicenti se concentraron por primera vez en el centro de la Plaza de Mayo y desde entonces jamás dejaron de hacerlo.

     

    Bonafini nació en la ciudad de Ensenada el 4 de diciembre de 1928 y en 1942 se casó Humberto Bonafini, con quien tuvo tres hijos: Jorge Omar, Raúl Alfredo y María Alejandra.

    A comienzos de 1977 su hijo mayor Jorge Omar fue secuestrado y desaparecido en La Plata, y en diciembre de ese mismo año corrió la misma suerte su otro hijo, Raúl.

    Además, al año siguiente desapareció su nuera, María Elena Bugnone Cepeda, esposa de Jorge.