Los lunares y las manchas son marcas frecuentes de la piel. Pueden estar presentes desde el nacimiento o aparecer durante la infancia, la adolescencia y la adultez. La mayoría corresponde a acumulaciones benignas de melanocitos, las células que producen el pigmento, y suele conservar un aspecto estable durante años.
En los adultos, es habitual tener entre 10 y 40 en distintas zonas del cuerpo. Su presencia, por sí sola, no indica un problema de salud, aunque las características visibles de una lesión y sus cambios con el tiempo pueden aportar datos relevantes para distinguir entre una marca benigna y una que requiere evaluación profesional.
Reconocer esas variaciones resulta importante porque un lunar nuevo o una modificación en el tamaño, la forma, el color o la textura de uno existente puede ser una señal de melanoma, un tipo de cáncer de piel. De acuerdo con la dermatóloga Christine Poblete-Lopez, de la Cleveland Clinic, la observación periódica permite detectar señales de alerta y consultar ante hallazgos que merezcan un examen médico.
Cuáles son los signos de alerta en un lunar
La herramienta más difundida para observar cambios sospechosos es la regla ABCDE, que reúne cinco características que pueden orientar la consulta.
La A corresponde a la asimetría: una lesión puede requerir atención si una mitad no se parece a la otra. Los lunares benignos suelen ser redondos u ovalados y mantener una forma relativamente uniforme.
La B se refiere a los bordes. Según Cleveland Clinic, los márgenes lisos, definidos y regulares son frecuentes en los lunares comunes, mientras que los bordes desiguales, dentados, borrosos o con pequeñas muescas pueden ser una señal de alerta. Estas características no confirman por sí mismas un diagnóstico, pero justifican una valoración clínica.
La C alude al color. Una marca de un solo tono marrón, tostado o negro puede corresponder a un lunar habitual, indicó la American Cancer Society. En cambio, una lesión que combina varios tonos o presenta áreas negras, rojas, blancas, azules o grises puede requerir revisión. También se consideran relevantes los cambios de pigmentación que se extienden desde el borde hacia la piel circundante.
El cuarto punto es el diámetro. La clínica estadounidense señaló que los lunares de más de 6 milímetros, una medida aproximada a la goma de borrar de un lápiz, pueden ser más preocupantes, sobre todo si el crecimiento es repentino o rápido. La American Cancer Society precisó que los melanomas pueden ser más pequeños, por lo que el tamaño debe interpretarse junto con los demás signos y no como un criterio aislado.
La E corresponde a la evolución, es decir, a cualquier cambio en una lesión que antes se mantenía estable. Un lunar que aumenta de tamaño, cambia de forma o color, se vuelve más elevado, sangra, supura, forma costras o produce picazón merece atención médica, según Cleveland Clinic. Poblete-Lopez, citada por la institución, explicó que los lunares no suelen cambiar y que, cuando lo hacen, conviene establecer la causa.
La aparición de un lunar nuevo también requiere observación. Más del 70% de los melanomas comienzan como un lunar nuevo, según la entidad sanitaria, aunque la mayoría de las nuevas marcas en la piel no son cancerosas. El dato refuerza la importancia de prestar atención a lesiones recientes, en particular si reúnen alguna de las señales incluidas en la regla ABCDE.
Los cambios visibles y las zonas menos expuestas justifican una consulta médica
La consulta es recomendable ante un lunar nuevo o una marca existente que cambie de tamaño, forma, color o textura. El Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido incluye además entre los signos que deben revisarse la hinchazón, el dolor, el sangrado, la picazón y la presencia de costras. La institución aclara que una derivación urgente a un especialista no equivale necesariamente a un diagnóstico de cáncer.
La American Cancer Society también menciona las llagas que no cicatrizan, el enrojecimiento o la hinchazón más allá del borde de un lunar y la aparición de un bulto o protuberancia sobre la lesión. Estas modificaciones pueden ser evaluadas por un médico, quien determinará si corresponde un seguimiento, una derivación a dermatología o estudios adicionales.
Los controles no deberían limitarse a las áreas habitualmente expuestas al sol. El NHS señaló que algunos melanomas pueden aparecer en los ojos, las palmas de las manos, las plantas de los pies o los genitales. La American Cancer Society añadió que pueden presentarse debajo de las uñas como una línea oscura, en la boca o en la nariz. Por ese motivo, la revisión de la piel incluye zonas menos visibles como la espalda, el cuero cabelludo, los pies y los espacios entre los dedos.
Cleveland Clinic recomienda realizar un autoexamen de la piel aproximadamente una vez por mes y registrar los cambios observados. La institución sugiere emplear espejos para revisar las áreas difíciles de ver y comparar las lesiones con fotografías previas cuando sea posible. Esta práctica no reemplaza la evaluación médica, pero puede facilitar la identificación de cambios recientes.
La detección temprana tiene relevancia en el abordaje del cáncer de piel. La doctora Poblete-Lopez explicó a la entidad clínica que una biopsia cutánea puede realizarse en el consultorio cuando existe una lesión sospechosa. La evaluación profesional permite diferenciar los lunares comunes y otras manchas benignas de aquellos hallazgos que requieren diagnóstico y tratamiento oportunos.
