Los 6 hábitos matutinos que recomienda una nutricionista para mantener la energía todo el día

Dormir entre 7 y 9 horas no alcanza si las primeras decisiones del día sabotean la energía desde el primer momento. Revisar el teléfono al despertar, omitir el desayuno o quedarse en ambientes cerrados condicionan el nivel de alerta y el rendimiento físico y mental del resto de la jornada. Estas son solo algunas de las acciones que recomendó evitar la dietista registrada y máster en Salud Pública por la Universidad Estatal de Colorado, Lauren Panoff.

La acumulación de esas elecciones, repetidas sin variación, instala un estado de cansancio difícil de identificar. Muchos lo atribuyen a factores externos sin advertir que su origen está en los primeros minutos de la mañana.

La relación entre los hábitos de la mañana y los niveles de vitalidad viene siendo documentada desde hace años, y lo que cambia con el tiempo es la precisión con que la investigación permite distinguir qué prácticas tienen respaldo sólido y cuáles responden a tendencias pasajeras.

Según afirmó la experta en diálogo con Verywell Health, existe un conjunto de hábitos concretos que, combinados, contribuyen a mantenerse activo a lo largo del día sin recurrir a estimulantes ni a cambios drásticos de alimentación.

1. Hidratarse apenas al despertar
El punto de partida no es la alarma, sino lo que ocurre inmediatamente después: el cuerpo adulto está compuesto en aproximadamente un 60% de agua y, tras varias horas sin beber, ya carga con un grado leve de deshidratación cuyo primer síntoma suele ser la fatiga.

Por eso, el primer gesto del día tiene más peso del que aparenta. Tener un vaso de agua en la mesita de noche facilita que la hidratación sea la primera acción antes de cualquier otra decisión, y ese pequeño cambio tiene un efecto directo sobre el nivel de alerta en la primera hora de la mañana.

2. El desayuno con proteína, fibra y grasas saludables
La alimentación de la mañana cumple una función que va más allá de la provisión calórica. El desayuno activa el cerebro y el organismo al mismo tiempo, y su composición determina si la vitalidad disponible se mantiene estable o decae antes del mediodía.

Un desayuno equilibrado debe incluir proteína, fibra y grasas saludables: esa combinación eleva el azúcar en sangre de forma gradual, en lugar de producir el pico seguido de la caída brusca que caracteriza a los alimentos ricos en azúcar refinada o ultraprocesados.

La combinación de esos nutrientes actúa sobre la regulación de esos valores y, en consecuencia, sobre el nivel de concentración en las horas siguientes.

3. La luz solar en las primeras horas
La exposición a la luz solar temprana es otra de las prácticas con respaldo documentado. La luz natural, especialmente en las primeras horas tras el despertar, regula el reloj biológico interno (el ciclo que gobierna el sueño y la vigilia) al reducir la producción de melatonina, la hormona asociada al sueño.

Salir al exterior unos minutos, o recurrir a lámparas de fototerapia cuando no hay acceso a luz natural, tiene efectos comprobados sobre el estado de alerta y el estado de ánimo. Si ese tiempo al aire libre se combina con movimiento físico, los beneficios se potencian, según señaló la profesional.

4. Evitar el teléfono al despertar
Otro hábito identificado como relevante es postergar la revisión del teléfono celular tras el despertar.

La práctica de alcanzar el dispositivo apenas se abren los ojos es cada vez más frecuente, pero el contenido que se encuentra allí tiende a generar sobreestimulación o ansiedad antes de que el sistema nervioso haya terminado de salir del reposo.

Tomarse unos minutos para estirarse, practicar gratitud o simplemente no procesar información externa de inmediato tiene un efecto concreto sobre cómo el organismo enfrenta el resto del día.

La meditación matutina, incluso cuando la noche anterior fue de sueño insuficiente, mostró efectos positivos sobre el estado de ánimo, según indicó la profesional.

5. El movimiento corporal por la mañana
El ejercicio físico es otro hábito destacado por la profesional. El movimiento en las primeras horas del día eleva los niveles de endorfinas (las hormonas vinculadas al bienestar) y contrarresta el cansancio, independientemente de la intensidad de la actividad elegida.

La modalidad no es determinante: puede tratarse de una sesión de cardio, una práctica de yoga o una simple rutina de estiramientos. El resultado es que el organismo se activa y la circulación mejora, lo que favorece el transporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos.

6. La regularidad en el horario de sueño
El último elemento identificado como central es la regularidad del horario de sueño. El organismo responde a la constancia: acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora cada día sincroniza ese ciclo interno y mejora tanto la calidad del descanso como la vitalidad disponible durante la vigilia.

El rango recomendado para adultos se ubica entre 7 y 9 horas por noche; un esquema posible es el de las 22 a las 6, aunque el horario concreto depende de cada persona. Lo que determina el beneficio es la regularidad, no el momento exacto del despertar.

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