La Luna se está achicando a medida que su interior se enfría. Un estudio financiado por la NASA estimó que su radio disminuyó aproximadamente 45 metros durante los últimos 400 a 800 millones de años, a partir del análisis de las fallas que atraviesan su superficie.
La investigación identificó más de 10.000 fallas jóvenes, distribuidas por el satélite. Estas estructuras conservan las huellas de la contracción y permiten reconstruir cómo cambió su tamaño a lo largo del tiempo.
El trabajo, publicado el 14 de octubre en The Planetary Science Journal, fue presentado por el Smithsonian. Los investigadores utilizaron imágenes del Orbitador de Reconocimiento Lunar, conocido como LRO, una misión de la NASA que estudia el satélite desde 2009.
Por qué se contrae la Luna
El enfriamiento del interior provoca una reducción de volumen y genera tensiones sobre la corteza. Como esa capa exterior es rígida, se fractura y forma fallas en las que una porción del terreno puede desplazarse sobre otra.
La NASA explica que esa contracción, junto con las fuerzas de marea que ejerce la Tierra, contribuye a modificar la superficie lunar. Algunas fallas muestran indicios de actividad y pueden producir sismos.
La disminución calculada por el nuevo estudio corresponde al radio, es decir, a la distancia entre el centro de la Luna y su superficie. Se trata de un proceso extremadamente lento, acumulado durante cientos de millones de años.
Qué implican las fallas para la exploración
El interés por estas estructuras también está relacionado con la seguridad de las futuras misiones tripuladas. Conocer su ubicación y comportamiento ayuda a evaluar las condiciones de los lugares donde podrían instalarse equipos e infraestructura.
Estudios anteriores financiados por la NASA ya habían analizado la relación entre fallas y sismos cerca del polo sur lunar, una región de interés para la exploración mediante el programa Artemis. Esas investigaciones señalaron la importancia de considerar la actividad tectónica al planificar instalaciones permanentes.
Las imágenes del LRO permiten observar detalles del terreno y ampliar los mapas de fallas. El nuevo relevamiento aporta así una medida de la contracción de la Luna y más información para estudiar una superficie que continúa cambiando.
