La cosecha de soja en Entre Ríos cerró con una caída en la producción

La campaña de soja 2025/26 en Entre Ríos finalizó con una merma del 22% en la producción respecto del ciclo anterior. La combinación de una menor superficie sembrada y una baja en los rindes, producto de las condiciones climáticas del verano, derivó en una cosecha de aproximadamente 2.695 millones de toneladas.

Así lo explicó el ingeniero agrónomo Pablo Fontanini, desde la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, quien precisó que “el área sembrada se redujo un 5%. Esto se da por un incremento en el área del maíz”.

Según detalló, el crecimiento del cultivo de maíz respondió a la recuperación del área luego de la fuerte retracción registrada en la campaña pasada, afectada por la chicharrita. “El maíz tuvo un fuerte incremento en el área luego de que la campaña anterior tuviera una gran retracción. Todo esto se desencadena por la aparición de la chicharrita del maíz, que causó daños en los maíces tardíos y de segunda”, explicó.

En ese sentido, indicó que el temor de los productores a la propagación de la enfermedad llevó a reducir la superficie maicera el año anterior, pero que en esta campaña el cultivo recuperó unas 200.000 hectáreas, superando las 500.000 hectáreas implantadas. “Son cultivos estivales que compiten por hectáreas: maíz, soja, sorgo, arroz y girasol. El maíz le tomó parte del área a la soja”, sostuvo.

La superficie destinada a soja se ubicó en torno a 1.2 millones de hectáreas, con unas 400.000 hectáreas de soja de primera y alrededor de 800.000 hectáreas de soja de segunda.

Menores rindes por el déficit hídrico

Además de la reducción del área sembrada, la producción se vio afectada por un descenso en los rindes. El promedio provincial fue de unos 2.200 kg por hectárea, entre 300 y 400 kg menos que en la campaña anterior.

“El verano fue un poco más exigente. Desde mediados de enero hasta los primeros diez días de febrero se dio un pulso seco en general en la provincia”, señaló Fontanini, quien agregó que el sudeste entrerriano sufrió un déficit de precipitaciones más marcado desde diciembre.

Esa situación generó importantes diferencias regionales. “La soja de primera pudo haber estado entre 1.500 y 1.600 kg por hectárea en el sudeste, versus unos 800 kilos más por encima en el resto del territorio”, explicó.

No obstante, aclaró que el rendimiento obtenido “se puede considerar que está dentro del rendimiento promedio histórico, con 2.200 o 2.300 kilos por hectárea”.

La menor superficie implantada junto con la caída de los rindes explican el descenso de la producción. “La caída en el área y la caída en el rendimiento genera esta caída en la producción, que es en torno a un 22%, alrededor de unas 700.000 toneladas”, indicó.

Recuperación del precio

Consultado sobre el mercado, Fontanini aclaró que la baja productiva no estuvo acompañada por una caída en las cotizaciones.

“El precio tuvo una recuperación a partir de mayo. Eso benefició a que el rendimiento de indiferencia se redujera, que es el valor que tiene que obtener el productor para recuperar la inversión realizada en el cultivo”, afirmó.

Además, destacó el aporte de la soja de segunda, que representó más del 60% de la superficie sembrada y tuvo una participación importante en el volumen total producido.

Trigo: menor superficie y demoras por las lluvias

Respecto de la campaña de trigo, el especialista señaló que la siembra todavía no concluyó y presenta un avance cercano al 70%.

Las proyecciones indican una reducción del área implantada. “Este año vemos una posible retracción del área que podría llegar a ser del 18%. El año pasado tuvimos unas 730.000 hectáreas y este año pensamos que puede llegar a ser unas 600.000 hectáreas”, indicó.

Entre los factores que explican esa caída mencionó el incremento que registraron los costos de los fertilizantes tras el conflicto bélico internacional.

A esto se sumaron las intensas precipitaciones de las últimas semanas, que complicaron las tareas en los lotes. “Las últimas lluvias fueron importantes y no está dando piso para el que quiere sembrar o poder cumplir el área planificada”, explicó.

Expectativas por un posible fenómeno “El Niño”

De cara a la próxima campaña estival, Fontanini consideró que un eventual escenario de El Niño podría favorecer el desarrollo de los cultivos.

“El Niño estadísticamente tiene mayor impacto en las precipitaciones a partir de noviembre. Si este escenario se diera, es beneficioso básicamente para dos cultivos: maíz en primer lugar y también para la soja”, señaló.

Finalmente, destacó que las lluvias registradas durante junio dejaron una situación hídrica favorable para comenzar el invierno. “Junio tiene un promedio provincial de unos 40 milímetros y tuvimos alrededor de 70 milímetros de precipitación en promedio. Eso nos abre la puerta al inicio del mes de julio con reservas hídricas en niveles óptimos”, concluyó.

Fuente: Elonce

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