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Después del episodio convulsivo que sufrió el mediocampista chileno Javier Altamirano durante el partido que se disputaba en La Plata entre Estudiantes y Boca Juniors, se supo que la causa del padecimiento fue “una trombosis del seno longitudinal superior (cerebro)”, un “trastorno extremadamente raro” y “potencialmente grave” que implica la formación de un coágulo de sangre en el seno venoso cerebral”, según explicó el neurocirujano Dr. Matías Baldoncini (MN 135.985), que desempeña tareas en el Sanatorio Mater Dei.

 

 

“Específicamente, el seno longitudinal superior es responsable de drenar la sangre de gran parte del cerebro hacia el sistema venoso”, agregó. En la misma línea, el neurólogo Conrado Estol explicó que ese tipo de situaciones “ocurre cuando en el sistema venoso del cerebro se obstruye por un coágulo en la vena principal que drena la sangre del cráneo”. “Esto hace que aumente la presión dentro del cráneo y causa convulsiones”, detalló el médico y consideró “sorprendente” que “un paciente no tenga dolor de cabeza o cefalea antes porque es el síntoma más frecuente [previo a la convulsión]”.

 

Ese dolor, según detalló, suele ser difuso, pero intenso, con la sensación de que algo presiona la cabeza y con baja respuesta a un analgésico.
En el caso de un deportista de elite joven, de apenas 24 años, la pregunta clave es porqué se produjo la obstrucción. El dato será fundamental para darle un tratamiento adecuado, coinciden los especialistas.

 

Hay cuadros de trombosis venosa que son más frecuentes. Por ejemplo, en las venas de los miembros inferiores, constituyendo algo que se llama trombosis venosa superficial o profunda. Hay otro cuadro que genera también una trombosis en las venas pulmonares, que es igual de grave y que se llama tromboembolismo pulmonar (TEP). Pero las trombosis a nivel cerebral, son cuadros extremadamente raros”, remarcó Baldoncini.

En ese sentido y en relación con las causas, el profesional remarcó que pueda darse por trastornos de la coagulación sanguínea previos (trombofilia hereditaria o adquirida), lesiones por traumatismos en la cabeza o cuello que dañen las venas cerebrales, infecciones de tipo craneal (meningitis, sinusitis o abscesos cerebrales).

“Determinar la causa de la obstrucción es clave para el tratamiento transitorio o en el largo plazo de este diagnóstico. Lo que sucedió, sin síntomas previos, es absolutamente excepcional”, aclaró Estol.

Otra particularidad, explicó Baldocini, es que los síntomas a través de los cuales se manifiesta este cuadro “pueden variar de acuerdo a la extensión del bloqueo del flujo sanguíneo”.

 

“Algunos síntomas comunes incluyen dolor de cabeza intenso, visión borrosa, convulsiones, debilidad o entumecimiento en un lado del cuerpo, dificultad para hablar y problemas de coordinación”, precisa el neurocirujano recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA), consignó La Nación.

Finalmente, sobre el tratamiento de este trastorno particular, indicó que “generalmente implica una combinación de medidas para disolver el coágulo y prevenir la formación de nuevos, así como para tratar cualquier causa subyacente”. En esa línea, enumeró:
• Anticoagulantes, para prevenir la formación de nuevos coágulos y permitir que el cuerpo disuelva el coágulo existente.
• Terapia con trombolíticos, que son medicamentos que ayudan a disolver los coágulos sanguíneos.
• Tratamiento de las causas subyacentes, como el tratamiento de infecciones o la gestión de factores de riesgo procoagulantes.
• En casos graves, pueden ser necesarias intervenciones quirúrgicas con terapias endovasculares para eliminar el coágulo o restaurar el flujo sanguíneo.

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