La tensión financiera que había asomado en las últimas ruedas se agravó este viernes, luego de la mala entrevista de Milei con Bloomberg en la que se lo vio confuso a la hora de explicar como enfrentará los crecientes desafíos políticos, sociales y financieros. Este viernes el riesgo país saltó 5,2% y cerró en 609 puntos básicos, mientras la sangría de los bonos dejó de estar concentrada en algunos títulos y se extendió sobre toda la curva.
El problema para Luis Caputo es que esta vez no hubo un vendaval internacional donde refugiar la explicación: fue una buena rueda global y el castigo se concentró en Argentina. Ya este jueves hizo agua cuando se le amontonaron las excusas para explicar la debacle de la actividad, a niveles históricos.
Ahora el golpe fue por el lado financiero, se supone el fuerte y el único interés de la administración libertaria, que enfrenta las crecientes dudas del mercado sobre si podrá cumplir con los vencimientos el año que viene. Una duda que registra la suba pronunciada de los seguros contra default.
En los bonos el golpe fue brutal. El AO29 llegó a rendir 12% medido al dólar MEP y alrededor de 14% vía CCL. Son tasas que noquean la estrategia financiera para 2027.
La primera señal había aparecido a comienzos de la semana. El AL29 comenzó a desarbitrarse respecto del GD29 y lo mismo ocurrió entre el AL30 y el GD30. La diferencia llegó a rondar los 200 puntos básicos entre títulos con características similares pero distinta legislación: argentina en un caso y Nueva York en el otro.
El mercado había encendido una luz amarilla. Este viernes pasó a roja. La caída alcanzó con fuerza a los Globales 2035 y 2041, dos papeles centrales para la construcción de la curva soberana. “La sangría fue in crescendo”, describió a LPO un operador que sigue esos movimientos. El GD35 se convirtió en uno de los puntos más sensibles del índice.
Sobre el cierre de la jornada apareció un movimiento que llamó la atención de las mesas. Según confirmaron fuentes del mercado a LPO, organismos oficiales recibieron órdenes de comprar GD30 para amortiguar el desplome y evitar un cierre todavía peor del riesgo país. La intervención logró ponerle un torniquete a la rueda, pero no modificar la tendencia.
El dólar acompañó la tensión. El mayorista subió otros seis pesos, un 0,4%, y terminó en 1.525 pesos. Fue un nuevo máximo nominal y la tercera jornada consecutiva en alza. Durante la semana avanzó 11 pesos, un 0,7%, mientras que en septiembre acumula una suba de 17 pesos, equivalente al 1,1%.
El problema cambiario tiene otra pata. La capacidad del Banco Central para comprar dólares perdió fuerza. Agosto terminó con adquisiciones por 768 millones de dólares, el volumen mensual más bajo de todo 2026. En julio había comprado 2.162 millones; en junio, 1.418 millones; en mayo, 2.596 millones; en abril, 2.769 millones; en marzo, 1.671 millones; en febrero, 1.557 millones; y en enero, 1.158 millones.
La secuencia muestra que la canilla se fue cerrando justo cuando el programa necesita acumular reservas para enfrentar los vencimientos que vienen.
Las reservas brutas quedaron en 48.245 millones de dólares y este viernes el BCRA no intervino en el mercado de cambios. La discusión que atraviesa las mesas ya no pasa solamente por el stock sino por la capacidad de generar un flujo sostenido de dólares.
A diferencia de otras jornadas, el escenario internacional no ofreció demasiadas coartadas. Eso fortaleció entre los operadores la lectura de que el salto del riesgo país respondió fundamentalmente a factores domésticos.
Uno de ellos es la actividad: el EMAE cayó 2,9% mensual desestacionalizado en julio y 1,4% interanual. Una caída que superó los niveles de la pandemia.
El segundo elemento fue la mala gira oficial por Nueva York. Caputo se reunió con unos 50 inversores en JPMorgan y ratificó que Argentina no pretende emitir deuda internacional mientras los spreads permanezcan en estos niveles, pero no fue claro sobre como cubrirá el faltante para pagar los vencimientos del año próximo, que en el mercado estiman en USD 11.000 millones. La reunión estuvo atravesada por esa inquietud.
Luego vino la entrevista de Milei con Bloomberg, donde se vio las dificultades del Presidente para articular respuestas sólidas ante un entrevistador no obsecuente y que repreguntaba, muy distinto a lo que sucede en la Argentina.
“Se debería poner peor si sigue todo como hasta ahora”, dijo a LPO una fuente del mercado. El operador mencionó como factores de riesgo la tasa estadounidense, el deterioro de la actividad y el empleo y la proximidad del calendario electoral.
En paralelo, en las mesas comenzó a circular con fuerza otra versión. El FMI habría apartado un fondo de unos 20.000 millones de DEG, que eventualmente podrían jugar un papel en una reestructuración del programa argentino, si la administración de Milei no logra cumplir con sus compromisos.
El dato tiene una base real. El informe anual del Fondo dado a conocer este miércoles establece que al cierre de su ejercicio fiscal, el 30 de abril de 2026, los saldos precautorios alcanzaban los 26.300 millones de DEG, equivalentes entonces a unos 36.100 millones de dólares. El Directorio mantuvo un objetivo de mediano plazo de 25.000 millones de DEG y un piso de 20.000 millones. Esos recursos funcionan como un colchón para proteger al organismo frente a riesgos crediticios, financieros y eventuales pérdidas.
El documento no dice que exista una partida de 20.000 millones de DEG reservada para Argentina ni que esos fondos vayan a utilizarse para reestructurar el acuerdo. Esa es la lectura que hace una parte del mercado, a partir de la magnitud de la exposición del organismo a la Argentina. Lo que lejos de llevar tranquilidad le pone dimensión al problema de la administración libertaria.
Hasta hace pocos días, el problema de Caputo podía presentarse como una discusión sobre cuándo y a qué tasa Argentina conseguiría regresar al mercado internacional. El salto del riesgo país por encima de 600 puntos cambió la pregunta. Ahora el mercado quiere saber qué pasa si esa puerta sigue cerrada, la acumulación de dólares pierde velocidad y 2027 se acerca con una pared de vencimientos.
Fuente: La Política Online
