La terapia acuática es una modalidad de rehabilitación que utiliza el agua como entorno para realizar ejercicios guiados. También recibe los nombres de hidroterapia o terapia en pileta y suele desarrollarse en instalaciones de poca profundidad, con el acompañamiento de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales.
Las sesiones pueden incluir movimientos de movilidad articular, fuerza, coordinación, equilibrio y marcha. De acuerdo con la Universidad de Rochester, estos programas comienzan con una evaluación y se adaptan al estado de salud, la condición física y los objetivos de cada persona.
No se trata de una práctica que exija saber nadar ni de una rutina deportiva convencional. Según la Universidad de Duke Health, algunas actividades se realizan de pie y pueden incorporar dispositivos de flotación u otros elementos de apoyo.
El agua modifica el modo en que se ejecutan los ejercicios. La Universidad de Misuri explicó que la flotabilidad, la resistencia, la presión y la temperatura son las cuatro propiedades que diferencian este entorno de la actividad en tierra. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad, la resistencia del agua exige trabajo muscular, la presión puede contribuir a disminuir la hinchazón de tejidos blandos y el agua tibia favorece la relajación.
Cuáles son los beneficios de la terapia acuática
La principal particularidad de la terapia acuática es que permite practicar movimientos en un medio que sostiene parte del peso corporal. La Universidad de Misuri señaló que, con el agua a la altura de la cintura, una persona puede percibir que carga cerca de la mitad de su peso. Esa condición puede facilitar ejercicios que resultan difíciles de realizar sobre una superficie firme.
La resistencia del agua, a la vez, permite trabajar la fuerza sin recurrir necesariamente a pesas u otros equipos de carga. El agua ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire. Por ese motivo, una rutina puede combinar desplazamientos, ejercicios de piernas y brazos, tareas de equilibrio y práctica de marcha dentro de una misma sesión.
Jenea Smith, fisioterapeuta de MU Health Care, de la Universidad de Misuri, describió esta modalidad como fisioterapia con el aporte de la ingravidez y el sostén que brinda el agua. La especialista sostuvo que el trabajo en piscina puede utilizarse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.
Johns Hopkins Medicine indicó que los ejercicios acuáticos pueden favorecer el apoyo de peso en etapas tempranas de rehabilitación, además del entrenamiento de flexibilidad, equilibrio, marcha y musculatura central de la espalda. La institución precisó que la fisioterapia acuática suele organizarse en programas de dos a ocho sesiones, con el objetivo de que el proceso continúe después fuera del agua.
Jenea Smith, fisioterapeuta de MU Health Care, de la Universidad de Misuri, describió esta modalidad como fisioterapia con el aporte de la ingravidez y el sostén que brinda el agua. La especialista sostuvo que el trabajo en piscina puede utilizarse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.
La institución también advirtió que la terapia acuática no cura las enfermedades de base ni debe reemplazar tratamientos o medicamentos prescriptos. La posibilidad de incorporarla depende de una evaluación profesional y del plan de atención de cada persona.
Cuándo se requieren planes supervisados
La terapia acuática puede integrarse a la rehabilitación de cuadros ortopédicos, neurológicos y musculoesqueléticos. La Universidad de Rochester incluyó entre las situaciones que pueden requerirla a la artritis, el dolor crónico, las lesiones de rodilla, cadera y tobillo, los problemas de cuello, hombro o zona lumbar, y los procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas y de columna.
La Universidad de Misuri mencionó, además, el dolor crónico asociado a hernias discales, fibromialgia, estenosis espinal y osteoartritis. En esos casos, los ejercicios suaves, la flotación y las técnicas de respiración o relajación pueden aportar alivio temporal, según la institución. También señaló que la terapia en piscina puede utilizarse durante la recuperación de lesiones, cuando el retorno a la actividad física requiere una progresión gradual.
Las condiciones neurológicas figuran entre los contextos analizados. La Universidad de Misuri incluyó a la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y el accidente cerebrovascular, que pueden afectar la función motora y dificultar la actividad física por temor a las caídas. El sostén del agua permite practicar coordinación, equilibrio y movimientos en un contexto distinto al de tierra, indicó la publicación.
Una revisión sistemática y metaanálisis de PLOS One reunió 11 ensayos con 395 adultos mayores que vivían en la comunidad. El estudio identificó mejoras en equilibrio, marcha, calidad de vida y temor a caer tras programas de fisioterapia acuática y terrestre.
El análisis observó una diferencia de 6,36 centímetros en el alcance funcional a favor de los ejercicios acuáticos frente a los realizados en tierra. Esa prueba mide cuánto puede desplazarse una persona hacia delante sin perder estabilidad. Sin embargo, los autores calificaron como baja la calidad de la prueba disponible debido a limitaciones metodológicas y posibles sesgos en los ensayos analizados.
La Cleveland Clinic advirtió que las piletas, bañeras y tanques pueden implicar riesgo de infecciones en procesos posteriores a una cirugía, por lo que se debe consultar con el equipo tratante antes de retomar la actividad o mojar una incisión. También mencionó riesgos como resbalones, caídas, quemaduras por temperaturas extremas o reacciones en la piel.
Duke Health señaló que una evaluación previa considera los antecedentes clínicos, el dolor, la fuerza, el rango de movimiento y el equilibrio antes de definir si esta modalidad es adecuada. Ese control también permite establecer cuántas sesiones se requieren y qué ejercicios pueden realizarse en el agua de forma segura.
Beneficios físicos
• Ejercicio de bajo impacto: La flotabilidad del agua reduce la carga sobre las articulaciones, los huesos y la columna, lo que evita lesiones y la hace segura para todas las edades, embarazadas y personas con artritis o artrosis.
• Trabajo muscular global: Activa casi todos los grupos musculares principales (brazos, piernas, espalda, abdomen y glúteos).
• Salud cardiovascular y respiratoria: Fortalece el corazón, mejora la circulación sanguínea, optimiza la presión arterial y aumenta la capacidad pulmonar.
• Control de peso y metabolismo: Favorece un alto gasto calórico (que varía entre 200 y más de 700 calorías por hora según el ritmo y estilo), además de mejorar la sensibilidad a la insulina y el control de la glucosa.
• Flexibilidad y postura: Aumenta el rango de movimiento articular y corrige desequilibrios en la espalda.
Beneficios mentales y emocionales
• Reducción del estrés y la ansiedad: El movimiento rítmico y la respiración controlada estimulan la liberación de endorfinas, lo que genera una sensación de calma y bienestar.
• Mejora del descanso: Ayuda a conciliar el sueño y mejora la calidad del descanso nocturno.
• Estimulación cognitiva: Favorece la concentración, la memoria y el despeje mental al coordinar extremidades y respiración de forma simultánea.
Puedes consultar más detalles sobre esta disciplina en el artículo de Sanitas o en el informe de National Geographic.
Si buscas empezar a nadar, dime cuál es tu objetivo principal (por ejemplo: bajar de peso, aliviar dolores de espalda o mejorar tu condición física) para recomendarte una rutina o frecuencia adecuada.
