El costo político del viaje de Manuel Adorni y Bettina Angeletti a Nueva York no fue marginal. Lo que comenzó con una foto viral de los dos visitando la tumba del rebe Lubavitch escaló hasta convertirse en un escándalo institucional. Puso el foco en el uso discrecional del avión presidencial, los exorbitantes gastos de la pareja en Punta del Este –incompatibles con sus ingresos– y la contratación en medios públicos de un amigo del jefe de Gabinete. La respuesta concreta de la Casa Rosada, frente a una larga lista de interrogantes, fue blindar al exvocero. “Ánimo”, le envió Javier Milei. “Apoyo total e incondicional”, sumó Karina. Las justificaciones de Adorni, hasta el momento, fueron torpes e incongruentes. Primero buscó empatía por estar “deslomándose” en la quinta Avenida, después intentó endilgárselo a la oposición –aunque todo huele a vuelto interno– y luego aseguró que Angeletti fue invitada a viajar junto a la comitiva por pedido del Presidente. La explicación final podría comprometer judicialmente a Milei, autor del decreto 712/2024 que establece que las aeronaves del Estado no pueden ser utilizadas para trasladar familiares de funcionarios.
“Fue una equivocación”, admitió este sábado tembloroso Adorni. No se refirió a la utilización de los recursos públicos en favor de su pareja, sino a la elección de la palabra “deslomar”. “Dije una frase absolutamente desafortunada. Se generó una sensación de rechazo. Estuvo mal”, argumentó el jefe de Gabinete en un esfuerzo por reconocer algún tipo de error. Lo cierto es que la crisis política no estalló por un desatino verbal, sino por una polémica de índole judicial. ¿En carácter de qué Bettina Angeletti viajó en el avión presidencial? “Yo quería que mi esposa me acompañe porque es mi compañera de vida”, fue el argumento que brindó ni bien se conoció la noticia. En ese entonces, deslizó que tuvo la venia de “Presidencia”. Ayer, en una entrevista con Forbes, calibró el discurso. Cambió la palabra “Presidencia” por “Presidente”. No fue casual. El objetivo es evitar que Karina Milei quede implicada. Por eso remarcó que la invitación fue de Milei.
“La explicación de Adorni no lo exculpa; al contrario, podría ampliar la responsabilidad penal”, afirma a Página/12 el abogado Gregorio Dalbón, uno de los denunciantes. “Si el viaje de una persona sin función pública en el avión presidencial fue autorizado por el Presidente o por la Secretaría General de la Presidencia, podríamos estar ante un caso de malversación de caudales públicos y utilización indebida de bienes del Estado. En ese supuesto, la investigación debería determinar quién dispuso esa autorización, porque la eventual responsabilidad penal podría alcanzar también a quienes habilitaron el uso del avión oficial para fines privados”, agrega el letrado, cuya presentación ya avanza en la Justicia. El expediente quedó radicado en el juzgado del juez federal Daniel Rafecas y la fiscal Alejandra Mángano ya activó la causa. Solicitó a la Secretaría General de la Presidencia que informe la lista de pasajeros y las normas relacionadas con la utilización de la aeronave.
Más allá de los malabares argumentativos de Adorni, lo cierto es que el artículo primero del decreto 712/2024 –que firmó Milei y él mismo anunció– establece que “las aeronaves públicas no podrán ser utilizadas para realizar ninguna actividad aérea distinta de aquella que hace a su condición jurídica esencial al servicio del poder público”. Para exculpar al Gobierno, el mandatario trató a los críticos de ignorantes y recurrió al concepto de “costo marginal”. Dio a entender que, con o sin Angeletti, el avión iba a salir igual, que sobraban los asientos y que subir a otra persona no modificaba el costo del vuelo. “Hubo funcionarios que gastaron guita en compañías privadas cuando el Tango 01 tiene plazas para 39 personas. Además, si es una cuestión de ahorro del gasto público, ¿por qué no viajaron los gobernadores con ellos?”, expresó a este medio Maximiliano Ferraro.
El diputado de la Coalición Cívica es otro de los denunciantes. Realizó la presentación junto al socialista Esteban Paulón y al radical Pablo Juliano (UCR), donde apuntan contra Adorni no solo por el viaje a Estados Unidos, sino también por el jet privado de 3.600 dólares que se tomó para ir a Punta del Este. La escapada para pasar el carnaval junto a su mujer fue, supuestamente, una invitación de su amigo Marcelo Grandio, quien actualmente conduce un programa en la TV Pública. “Lo pagó él con plata del Estado. Me lo pagó a mí, tengo el recibo”, indicó Grandio y hundió a su colega. Ayer Adorni dijo exactamente lo contrario: “Yo me pagué mi parte y él se pagó la suya. Listo, se acabó el problema”.
Una de las claves de las investigaciones judiciales es dilucidar si otros funcionarios invitaron a sus parejas a Nueva York. Sobre este punto, Adorni lanzó hace unos días una frase para nada inocente. “Incluso acá hay mujeres de otros funcionarios. Es normal”, esgrimió para defenderse. El mensaje fue fuerte y claro: “si caigo yo, caemos varios”. Para acceder a esta información, Paulón le reclamó a la Secretaría General de la Presidencia el manifiesto completo del vuelo a Nueva York. Según la diputada de La Libertad Avanza Marcela Pagano, otra de las denunciantes, es imposible que se consiga ese registro porque no existe. “Hay un decreto presidencial de este Gobierno que le prohibió a la ANAC registrar quiénes toman los vuelos oficiales”, señaló a Página/12.
En Casa Rosada estimaban que el escándalo se diluiría con el correr de los días. Los cuestionamientos a Adorni impactaron de lleno en la narrativa libertaria de la austeridad y el manual anticasta. El daño fue tal que Karina Milei se quedó en Buenos Aires y no acompañó a su hermano a España. La principal tarea que tiene por estos días es averiguar si hubo una operación interna para dañar al jefe de Gabinete. Averiguar, por ejemplo, quién filtró el video de la pareja en el Aeropuerto de San Fernando. El contador, mientras tanto, regresó al país varios días después del cierre del Argentina Week. Ahora, junto a Angeletti, deberá ajustar las explicaciones. Tienen que justificar cómo en un mes, y con un salario de 3 millones y medio, gastaron 3.800 dólares en un jet privado a Punta del Este (solo de ida, la vuelta saldría otro tanto) y 5.300 dólares en un vuelo a Nueva York que ni siquiera usaron.
Fuente: Pagina 12