Un pájaro de los Esteros del Iberá despertó la atención de la ciencia mundial ¿Por qué?

    Mar 26, 2021

    En los Esteros del Iberá, en el Noreste de la Argentina, se pueden encontrar yacarés, carpinchos o venados de las pampas que atrapan la mirada de los turistas por su tamaño. Pero allí también vive una especie de ave, que se alimenta de semillas y puede pesar unos 8 gramos, que atrapó a científicos del mundo. Es el capuchino Iberá, una especie que fue ahora estudiada por investigadores de Argentina, Estados Unidos y Brasil, quienes hallaron pistas para comprender cómo surgen las nuevas especies en el reino animal.

     

    El capuchino Iberá (cuyo nombre científico es Sporophila iberaensis).

     

    Fue descubierto en 2016, y es autóctono de la zona de humedales de la Mesopotamia argentina. Es un “caso de estudio” muy particular para investigar cómo funciona la formación de especies sin que se establezca previamente una barrera geográfica entre poblaciones. Es pariente cercano del ave capuchino canela. Pero a pesar de que comparten territorio, los individuos de ambas especies de aves “saben” distinguirse entre sí a la hora de buscar pareja, a través del canto y del plumaje.

     

    El estudio fue liderado por la científica Sheela Turbek, del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva, de la Universidad de Colorado, en Boulder, Estados Unidos. Se publicó en la revista Science, y demuestra que a pesar de tener genomas similares y la capacidad de formar híbridos viables, las dos especies de aves se mantienen aisladas en cuanto al apareamiento entre sí, basado en el plumaje de los machos y el canto.

     

    El hallazgo ayuda a explicar cómo surgieron las dos especies diferentes, a pesar de que son genéticamente muy similares.

     

    El trabajo demuestra “el importante papel del comportamiento en el origen de una nueva especie”, comentó a la revista Science la investigadora B. Rosemary Grant, bióloga evolutiva de la Universidad de Princeton.

     

    Generalmente, las nuevas especies se forman porque algunos miembros de una población quedan aislados por un río o por montañas. Con el paso del tiempo, los dos grupos divergen genéticamente y en sus rasgos y comportamientos. Si ese aislamiento se mantiene el tiempo suficiente, los grupos no podrán producir juntos descendencia fértil.

     

    “Nuestra investigación implicó tomas de muestras de sangre de las aves en el Parque Nacional del Ibera”.

     

    Así lo expresó el biólogo especializado en conservación de aves, Adrián Di Giácomo.

     

    Los machos de las especies capuchino Iberá y capuchino canela se diferencian en la coloración y el canto. En cambio, las hembras de esas especies son indistinguibles por la coloración. Sin embargo, los científicos encontraron que el genotipo de cada hembra siempre coincidió con el genotipo de su pareja, a pesar de que las dos especies tienen territorios de cría cercanos, se reproducen de forma sincronizada y se alimentan juntas de los mismos pastizales.

     

    Para hacer el estudio, los investigadores pusieron anillos en 126 pájaros de ambas especies, siguieron las actividades de los adultos y 80 de sus crías, y tomaron muestras del ADN de cada una. También construyeron modelos de machos de ambas especies y los pintaron con los colores que los caracterizan. Luego, se evaluaron las respuestas de los machos reales. A veces ponía grabaciones del canto de ambas especies mientras mostraban los modelos a los animales reales. Los machos atacaron con más fuerza a los modelos que más se parecían a ellos y que más sonaban, pues aparentemente veían a esos modelos como feroces rivales para conseguir pareja.

     

    ¿Cómo hicieron para seguir de cerca a las aves? Hubo mucho de ciencia, pero también momentos de aventura. “Acampamos en el Parque Nacional Iberá para hacer el estudio. Vivimos en medio de los Esteros del Iberá y tuvimos la oportunidad de ser testigos de momentos muy mágicos de la naturaleza”, dijo a Infobae la bióloga Turbek desde los Estados Unidos por teléfono.

     

    Además del gran mérito de publicar su trabajo en la revista Science, que es una publicación de altos estándares de la Asociación Estadounidense para el Avance de las Ciencias, la investigadora siente que salió enriquecida con la experiencia.

     

    ¿Qué momentos vivió? “Muchos”, respondió. “El instante en que una hembra chiquita del capuchino Iberá minuciosamente recoge pedacitos de pasto y telarañas para construir su nido; los carpinchos nacen y ya tienen la capacidad de esconderse en el agua ante cualquier ruido; y el modo en que la luz dorada envuelve el pastizal después de una tormenta fuerte”, detalló Turbek.

     

    A pesar de que hace poco se la conoce, también se sabe que el capuchino Iberá está amenazado como especie.

     

    Porque solo come semillas de los pastizales nativos, que se han reducido durante el último siglo por diferentes actividades humanas. La historia de su separación de otras especies puede ser también un atractivo para turistas amigables con el ambiente, ya que es un caso muy poco frecuente en el mundo.

     

    Fuente: InfoBae