Tras 16 años, Ángela Merkel se despidió del gobierno alemán

    Dic 2, 2021

    Con la banda del ejército entonando una canción punk de Nina Hagen, la canciller alemana Angela Merkel tuvo su ceremonia de despedida del gobierno luego de 16 años en el poder. «Hoy siento gratitud y humildad ante el cargo que ocupé durante tanto tiempo», dijo durante el evento.

    La jefa alemana se despidió de su cargo en la ceremonia militar del Zapfenstreich, agradeciendo a los alemanes su confianza, «el capital más grande en la política». Instó a luchar por la democracia que puede resultar «frágil». Y saludó al poder con la invitación a «mirar siempre al mundo con los ojos de los demás».

    «Hoy siento gratitud y humildad ante el cargo que ocupé durante tanto tiempo», comenzó, mientras todo el país se preguntaba si sus ojos se empañarían de emoción luego de 16 años de gobierno.

    En su muy breve discurso, Merkel en cambio dirigió un pensamiento a quienes en estas horas «luchan por salvar vidas», en los hospitales alemanes sobrecargados por la emergencia pandémica.

    Recordó los desafíos que la enfrentaron «a nivel político y humano». Y luego se sentó en el centro de la escena (abrigo y guantes negros en una fría noche de Berlín) para escuchar las canciones que había elegido.

    Lo mismo hicieron Helmut Kohl y Gerhard Schroeder antes que ella, cuyas lágrimas en «‘My way» aún se recuerdan. «Quiero todo o nada», dice en cambio el estribillo de la canción deseada por el Bundeskanzlerin, en un texto que refleja la fuerza y ;;la integridad de las ambiciones y aspiraciones de una mujer que ha impresionado al mundo al enfrentarse a los poderosos (y los matones) de la Tierra.

    Luego llegó una canción punk de Nina Hagen, de 1974, «du hast den Farbenfilm vergessen», «un éxito juvenil en la RDA», explicó en una rueda de prensa unas horas antes. Finalmente, un himno religioso, el Te Deum, antes del himno nacional. Y no, la canciller nunca lloró. Merkel, que deja la política completamente atrás a la edad de 67 años, se mantuvo concentrada y una vez más controló sus emociones.

    El Zapfenstreich es una oportunidad reservada a los líderes y ministros de Defensa del país. El de esta noche, en un formato restringido para la pandemia, con 50 funcionarios con máscaras invitados por ella, fue un evento esperado con cierto pesar por muchos, en una Alemania que aún ve a la Bundeskanzlerin indiscutiblemente en lo más alto de la clasificación de la mayoría de los políticos.

    La fecha de la toma de posesión del sucesor, Olaf Scholz, en el cargo es el 8 de diciembre, y esta noche en la cita también estuvo este socialdemócrata en el que confía Merkel, que la hará dormir «profundamente», según su comentario tras la sensacional derrota de la CDU en las elecciones de septiembre.

    A las 19.20 horas, en el patio del ministerio de Defensa, la Canciller tenía a sus espaldas una jornada de trabajo casi normal, con algunos días más por delante, marcados por otra y última cumbre de crisis para gestionar el dramático desarrollo de la emergencia Covid.

    Gran mediadora de crisis profundas, como la del euro que puso a prueba a la UE y la de los migrantes, Merkel deja a su Alemania sumida en la emergencia sanitaria más grave de la historia de la República.

    Y a quienes le preguntaron cuál era su estado de ánimo, en ese momento, ella respondió: «Me sentiría mejor si estuviéramos en la situación de Italia». Una de las últimas líneas de su cancillería también marca un paso atrás de la promesa de que Berlín nunca impondría la vacuna contra el Covid: «Si volviera a sentarme en el Bundestag votaría sí», admitió hoy, haciendo el último punto de inflexión.