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Tenía 51 años, era hipertenso y murió por COVID en los brazos de su mujer mientras esperaba la ambulancia

PorEntreRíosYA

May 30, 2021

“Se cayó en mi regazo, se deslizó por la silla y terminó en el piso. Se me murió en los brazos”, así cuenta Mónica Raia el momento previo a perder para siempre a su esposo, Gabriel Meayar, por culpa del coronavirus. El hombre, un empleado del Banco Nación de 51 años falleció el lunes pasado en el frío piso de su casa de la ciudad de Salta mientras esperaba la llegada de una ambulancia apenas 11 días después de mostrar los primeros síntomas.

 

 

En muy poco tiempo, la enfermedad lo consumió. Así por lo menos lo dejó ver Mónica, quien relató cómo fueron las últimas semanas de su marido, paciente hipertenso y medicado, hasta el dramático final. Pero no es lo único que la mujer tiene para decir. Según denunció, el trágico desenlace fue el resultado de una presunta serie de negligencias tanto del banco en el que trabajaba hasta de los servicios médicos estatales que debían seguir el caso de Gabriel.

 

 

Mónica apunta directamente contra el gerente de la sucursal de la entidad bancaria en la que su marido se desempeñaba como recepcionista. Según dijo, el jefe de Gabriel lo obligó a ir a trabajar pese a que se trataba de un paciente de riesgo y de los pedidos del propio hombre para concurrir al banco de la misma manera que lo hacían sus compañeros: una semana con presencia en el lugar y la otra de manera virtual. Sin embargo -asegura la mujer- el gerente no accedió con el argumento de que Meayar, al trabajar en atención al público, era esencial.

 

 

Infobae trató en reiteradas oportunidades de comunicarse con el gerente de la sucursal pero no obtuvo respuesta.

 

 

“Mi marido tenía 51 años, era una persona de riesgo porque era un paciente hipertenso y medicado. En el banco estuvieron trabajando en burbujas por un tiempo y el único que no tenía ese beneficio por ser considerado persona esencial era él. Lo obligaban a ir trabajar sabiendo que él era una persona hipertensa. Con el gerente del banco hubo unos entredichos por no permitirle trabajar en la burbuja. Él sabía perfectamente que era hipertenso. De hecho, consta en el legajo de mi marido. Gabriel entonces le propuso trabajar dos semanas sí y una no. Y así lo hizo”, señaló Raia en diálogo con la radio FM Noticias 88.1 de Salta.

 

 

La medida no sirvió y ya era muy tarde. El pasado 13 de mayo, Gabriel comenzó a tener los primeros síntomas; dolor de garganta, unas líneas de fiebre y aún así, de acuerdo con la denuncia de su esposa, el gerente del banco le dijo que no podía faltar porque “el banco dependía de él y del filtro que él hacía con el público”.

 

 

“Todos los conocían a mi marido. Era la primera que veían los clientes al entrar al banco. A raíz de la discusión que tuvieron, Medina decidió cortar la burbuja y hacer que todos fueran al banco. Los compañeros del banco quedaron en que si alguien se contagiaba, iban a accionar legalmente contra este hombre. Bueno, hoy estoy accionando yo porque se llevó la vida de mi marido”, advirtió.

El mismo 13 que comenzó a tener síntomas pidió permiso para no trabajar. Pero, dice su esposa, le dijeron que no. Lo máximo que le ofrecieron era retirarse antes de su horario habitual de salida. Usualmente se iba a las 15.30. La propuesta era salir a las 14 aproximadamente. “Estuvo así algunos días hasta que el sábado siguiente llamó al 911 y ahí le dijeron que se bajara la aplicación Salta COVID, completara el formulario y según como fuera ese formulario, si los síntomas empeoraban, lo iban a controlar. El mismo sábado cae mi hija con síntomas y mi hijo también y el domingo caigo yo. Nos volvimos a comunicar al 911, nos derivaron al SAMEC y ahí de manera virtual nos medicaron a los cuatro. El banco, en ese momento, mandó un laboratorio a parte para realizarle el hisopado y le dio positivo”, dijo la mujer.

 

 

El comienzo de la tragedia

A partir de ese punto todo comenzó a empeorar. El COVID no le dio tregua al empleado bancario. El miércoles siguiente recibo un correo electrónico de la obra social ofreciendo el seguimiento si el sistema de salud de la provincia no nos prestaba atención. “Mandamos el informe y pasó el miércoles, pasó el jueves y volvimos a llamar. A todo esto, comunicábamos al 911 y nos decían que si él ya era positivo no había más que hacer, que se tenía que quedar en casa y que recién si se agravaba, veían qué se podía hacer”, relató Mónica. Nunca les ofrecieron la posibilidad de una internación.

 

Viendo que la familia entera estaba contagiada y que el cuadro de Gabriel empeoraba con el correr de las horas, Mónica decidió llamar a su ginecólogo para consultarle qué hacer. El profesional -dijo la mujer- fue el único que le brindó la atención que necesitaba. Como pudo, les recetó una serie de medicamentos para sobrellevar el virus y así pudieron pasar la semana. Finalmente llegó el sábado 22 de mayo y las cosas no auguraban un buen final. Meayar, una persona que practicaba deporte y de buen estado físico, estaba muy desmejorado en su salud. Apenas comía y casi no podía respirar.

 

“Mi hijo de 16 años se cansó de hacer denuncias y nunca se comunicaron con nosotros. Mi marido nunca fue internado pese a poner los antecedentes que pusimos en la aplicación. No me decían nada. Silencio total por parte del Estado. El sábado comenzó a desmejorar mucho. Era una persona que medía 1.78, pesaba 100 kilos, hacía deporte, entrenaba, iba al gimnasio todos los días, jugaba al softball, al baseball. Era un tipo muy activo. Comenzó a perder fuerza, a venirse abajo, no podía mantenerse en pie. Perdió peso rápidamente en tres días. No quería comer, solamente sopa rebajada con agua”, detalló Mónica con la voz quebrada.

 

Gabriel en ese momento -describe su esposa- comenzó a tirar una suerte flema oscura, con sangre. “Yo lo puse en conocimiento a mi médico y me dijo que llame al 911 porque era para internación. Llamamos al 911 y no nos atendieron. Llamamos al 148 y tampoco me atendieron”.

 

 

El estremecedor relato de los minutos finales de Gabriel

Así pasaron el domingo hasta que llegó el fatídico lunes. Ni el hombre ni su esposa pudieron dormir. “A las 8 de la mañana Gabriel pegó un grito porque notaba que se moría. Nos pidió por favor pidamos una ambulancia. Llamamos los tres a la vez hasta que logramos enganchar la comunicación”, indicó Raia. Desesperado y abatido, Grabriel se sentó en una silla del escritorio y apoyó su cabeza sobre la computadora. Mientras tanto, la ambulancia que no aparecía. De repente, se comenzó a resbalar.

“Yo peso 57 kilos y mido 1.58. Y se cayó en mi regazo, se deslizó por la silla y terminó en el piso. En nuestra ignorancia de tener que salvarlo, le hicimos RCP. Nos turnábamos con los chicos. Mi hijo salió corriendo a la comisaría pero le dijeron que no se podían acercar porque era un caso de COVID-19. Lo único que hicieron fue apurar la ambulancia”, contó la mujer de Meayar.

La ambulancia tardó una hora y media en llegar, pero como si fuera poco, hubo un error insólito pero al mismo tiempo trágico. Según dijo la esposa, el servicio de emergencia le mandó una ambulancia que no estaba preparada para el cuadro que enfrentaba su marido. “No tenía ni paletas para resucitar pero en ese momento ya estaba muerto. Se me murió en los brazos”, agregó.

 

 

Denuncias y acciones legales

Cuando su hijo adolescente entró y vio al papá sin vida, corrió a la comisaría séptima -ubicada a pocas cuadras- para hacer la denuncia de lo que había pasado. Como es menor de edad, no lo dejaron hacerla, por lo que su hermana mayor, Camila, tuvo que firmar el documento. “Accionaron como hijos ante el Comité Operativo de Emergencias de la provincia (COE), el SAMEC y el operador del 911 porque se comportó de manera altanera y nos mandó la ambulancia equivocada”, adelantó.

Camila, por su parte, explicó el diálogo con El Tribuno algunos detalles de la demanda que hicieron, en principio, en la comisaría séptima. “Denunciamos al COE y al gerente del banco por abandono de persona. Al primero por la falta de asistencia y al segundo por desconocer la situación de mi papá, que con su edad y al ser persona de riesgo, tenía que seguir exponiéndose yendo a trabajar. Lo único que mandaron de su trabajo fue personal a hacerle el test rápido, para confirmar que tenía Covid. También presentamos una denuncia al operador del SAMEC que nos atendió, porque nos mandó la ambulancia equivocada”, dijo la joven hace algunos días.

A Infobae Camila ofreció disculpas por no hablar, pero a partir de la repercusión del caso y lo que vive su familia, decidieron que sea Mónica la única en contar lo que pasa. Sin embargo, debido al dolor que le generó la trágica muerte de su esposo y por consejo de su abogada, optaron por cortar cualquier comunicación con los medios por el momento.

En el diálogo de Mónica con la radio salteña, entre lágrimas, sólo deseó que lo que le pasó sirva como ejemplo de algo que no debería ocurrir. “Hay gente que se está muriendo porque el sistema no está funcionando. A mí nadie me va a devolver a mi marido pero lo único que quiero es justicia. Ojalá mi historia sirva”, concluyó.

 

 

La respuesta del SAMEC

El doctor Fabián Argüello, director del organismo, explicó en diálogo con Infobae lo que pasó el lunes pasado. Según dijo, hubo un solo llamado de Gabriel registrado en el 911. Fue cuatro días antes de su muerte y con el que pidió asesoramiento ante el COVID suyo y el de su familia.

“Tenemos un ingreso donde él nos pide información cuatro días antes de la muerte. Él se comunica con el 911 y el SAMEC informando que tiene la familia con COVID positivo y que necesitaba tratamiento. El operador en el momento le indicó el tratamiento a seguir y las pautas ante cualquier síntoma del grupo familiar que los ponga en alerta”, sostuvo el médico, quien dijo que en esa comunicación Meayar dijo que sólo tenía síntomas menores.

“Ayer y anteayer se estuvieron chequeando todas las llamadas. Hay sólo una llamada anterior donde es él el que habla. Él es quien pide información para saber cómo actuar. Eso fue en los días anteriores a la muerte. Sólo manifiesta que tiene dolor de garganta. No hay otro síntoma en ese momento. No pidió un móvil”, aclaró Argüello.

La otra serie de llamados ocurrió recién el día de la muerte, cuando todo se complicó. De acuerdo con el director del SAMEC, cuando la familia se comunicó para pedir una ambulancia, no había ninguna cerca del barrio en el que vive, ubicado en la zona sur de la capital. El único móvil disponible estaba en el otro extremo de la ciudad. La demanda de servicios en este momento es elevada y el sistema está al borde del colapso.

“El día que se produce el fallecimiento ingresan varios llamados, unos cuatro o cinco. El primero a las 8:30 aproximadamente, en el que decían que se sentía descompuesto. Ellos viven en la zona sur de la ciudad. En ese momento todos los móviles estaban ocupados. En ese momento le hacen el triage correspondiente. Se trató de buscar a uno de los móviles más cercanos. Se le envía entonces un móvil de la zona norte, que tuvo que atravesar la ciudad. Hubo cuatro más llamados de la familia. Es algo normal en momento de desesperación. Los minutos parecen horas”, agregó el médico, quien señaló que desde el momento del primer llamado hasta que llegaron a la casa de los Meayar, pasaron 40 minutos. Pero ya era tarde. Gabriel en ese momento, había muerto.

“En ese interín, ellos van a la comisaría y piden otra clase de ayuda como lo haría cualquiera en ese momento. Cuando llega el móvil constata que el paciente estaba fallecido. En la primera llamada cuatro días antes que hizo no hay nada para mandarle un móvil. Incluso el mismo paciente manifestó estar bien, salvo con algunos síntomas. En el último llamado de las 8:30 del lunes que murió ya fue demasiado tarde. El paciente, por lo que escuché a la hija decir, no quería ser atendido. Si hubiese llamado en otro tiempo y en otras circunstancias o si se hubiera internado en tiempo y forma, no hubiese llegado a este desenlace”, añadió.

Respecto a las condiciones de la ambulancia que enviaron, Argüello niega que se tratara de un móvil que no estaba preparado para atender a Gabriel, tal como aduce la familia. Además, sostuvo que el operado que atendió a la familia siempre trató de orientarlos y brindarles calma. Algo que Mónica contradice totalmente, ya que según dijo, el trabajador del servicio de emergencias “fue altanero” y “se equivocó con la ambulancia”. Por eso también piensan denunciarlo.

“El móvil que fue a la casa es de mediana complejidad, que lleva todos los elementos necesarios para trabajar en caso de que un paciente se descompense. No es un móvil de alta pero va con enfermero y chofer y lleva todo el equipamiento para trabajar, pero cuando llegaron ya había fallecido. El operador, y está en las escuchas, lo que trató de decir fue que el móvil estaba en camino. Tratando de informar y que mantuvieran la calma. Quedó todo registrado”, aclaró.

 

Fuente: InfoBae

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