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Niño con rara enfermedad corría riesgo de vida y médicos argentinos lo salvaron

PorEntreRíosYA

Sep 26, 2021

La primera señal de alerta apareció a los tres meses de vida. “Mi hijo se puso azul y corrí al pediatra”, le cuenta ahora a Clarín Dahiana Reyes. Habla desde República Dominicana, donde vive junto a su pequeño Kendry, hoy de casi tres años, y su marido Kennedy.

Ese médico los derivó a un cardiólogo infantil que dejó al bebé internado en una Unidad de Cuidados Intensivos con el peor pronóstico. “Nos dijeron que tenía un problema en el corazón y que era probable que no superara esa noche”, relata. Por suerte, el final de la historia fue otro y un equipo de médicos argentinos del Hospital Universitario Austral tuvo mucho que ver en ese cambio de rumbo.

Después de varios estudios, que incluyeron un ecocardiograma, Kendry fue diagnosticado con transposición de grandes vasos, un tipo de cardiopatía congénita con la que nacen cerca de dos de cada 10.000 niños.

“Tenía los vasos del corazón invertidos. Esto se produce cuando la aorta sale del ventrículo derecho y la arteria pulmonar del izquierdo. Llegó a oxigenar al 60%, lo normal es hacerlo al 95%”, explica a este diario Christian Kreutzer, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular Infantil del Hospital Universitario Austral.

Por esta patología, «su sangre se reoxigenaba constantemente aunque sin alcanzar los tejidos».

«El cuerpo reaccionaba generando una gran cantidad de glóbulos rojos. Esto ayuda en un principio a transportar más oxígeno, pero luego se vuelve contraproducente ya que la sangre se torna hiperviscosa y aumenta el riesgo de trombosis”, detalla Kreutzer, que realizó 40 operaciones en los últimos 10 años para corregir este tipo de afecciones en el Hospital Universitario Austral.

Una larga espera

Esta cardiopatía congénita se suele operar a los pocos días del nacimiento. Kendry vivió con ella por más de dos años y medio.
“Fue duro el camino hasta la intervención. En República Dominicana no había especialistas que pudieran operarlo, le hicieron un cateterismo que le ayudó a ganar tiempo pero no solucionaba el problema”, aporta Dahiana.

Y cuenta que iban a viajar unos médicos desde Estados Unidos para los 6 meses de vida de Kendry, pero la pandemia demoró la llegada de los cirujanos. «Cuando finalmente evaluaron el caso, dijeron que el cuadro ya era muy severo y que no podían hacer la cirugía porque mi hijo no iba a sobrevivir”, repasa Dahiana, que se volvió a su casa con Kendry y la indicación de “esperar a que la ciencia evolucionara”.

Pero estos papás no bajaron los brazos y llegaron a una médica que los puso en contacto con el equipo del doctor Kreutzer. La Fundación ETHE, que ayuda a personas de América Central y del Caribe a acceder a medicina de alta complejidad, completó la gestión y colaboró para que Kendry, que se encontraba en estado crítico, pudiera viajar en un vuelo humanitario a Argentina para operarse.

El 19 de agosto se lo conectó a una bomba de circulación extracorpórea y se le hizo el Switch arterial o Jatene. La operación salió bien y a los 7 días recibió el alta. “Ahora mi hijo tiene dos fechas de cumpleaños”, expresa Dahiana. De fondo se escucha a Kendry que la interrumpe porque “quiere jugar”.
“El médico me dijo que puede jugar, es una señal de que se siente bien. Solo es importante que estemos atentos a que no se lastime el pechito”, comparte la mamá, que cuando habla del presente de su hijo cambia la voz y hasta termina algunas frases con carcajadas. «Es alivio, alegría», asegura.

Dice que Kendry daba unos pasos y se cansaba. “A él le costaba respirar pero, de alguna manera, a su papá y a mí también. Yo dormía en su cuarto, a cada rato me fijaba que estuviera bien y le tocaba el corazón. Hoy todos podemos estar más tranquilos”, suma.
Y destaca que su hijo va a poder disfrutar de su niñez ya sin riesgos. “Estamos muy felices y agradecidos”, cierra.