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La conmovedora historia de Tom, el perro callejero que murió en Malvinas

PorEntreRíosYA

Jun 10, 2021

La guerra de Malvinas, que transcurrió entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, murieron 650 combatientes argentinos. Naturalmente, en esas cifras no figuran los perros caídos en combate o desaparecidos en las islas.

 

Los canes muertos en la guerra, hasta donde se sabe, fueron cuatro, todos del bando argentino, porque del lado inglés, según pudo confirmar LA NACIÓN, no hubo animales que integraran la Fuerza de Tareas Británica.

 

Tres de estos sabuesos pertenecían a la Agrupación Perros de Guerra de la Infantería de Marina y, de acuerdo con la nómina del Batallón de Seguridad de la Armada Argentina, fueron parte de un grupo de 18 pastores de distinto pelaje adiestrados para cumplir misiones tácticas.

 

Pero el cuarto perro caído en el enfrentamiento entre la Argentina y el Reino Unido no fue un can militar, no tenía pedigree ni había sido entrenado para la batalla. Este último héroe fue un callejero sin raza que viajó como polizón a las islas escondido entre los soldados del Grupo de Artillería 101 del Ejército Argentino, al que bautizaron Tom.

 

La historia de Tom, cuyo nombre corresponde a las iniciales “Teatro de Operaciones Malvinas”, fue relatada por el Veterano de la Guerra de Malvinas (VGM) Omar Alberto Liborio, con un sentimiento tan profundo que desde que se publicó en los primeros blogs de principios de los años 2000, en cada aniversario vuelve a viralizarse con mayor fuerza.

 

Finalizado el enfrentamiento bélico, la mayoría de los canes militares recibió reconocimientos, condecoraciones y hasta monumentos, y este texto pretende rendirle un pequeño homenaje a los mejores amigos del soldado.

 

 

 

Los perros del Reino Unido en las islas

La pequeña guarnición militar inglesa que defendía las islas antes del desembarco argentino del 2 de abril de 1982 no contaba con perros de seguridad, y la flota naval que se dispuso a recuperar el archipiélago tampoco los llevó, confirmó a este cronista Fran Biggs, histórica integrante del staff del diario local Penguin News.

La situación es muy distinta hoy día, cuando las fuerzas armadas británicas realizan maniobras militares en las islas con soldados y perros de combate transportados en helicópteros Chinook de la Real Fuerza Aérea (RAF).

Todavía más, en 2013 el Reino Unido reconvirtió el viejo asilo canino creado después de la guerra y construyó un nuevo sitio para albergar a 22 perros tácticos, elementales para realizar patrullajes en el campo, detectar explosivos tanto en el puerto como en el aeropuerto, y buscar personas.

A la luz de la historia, la incorporación de perros de combate al servicio británico en Malvinas quizá haya sido una enseñanza que les dejó la guerra.

 

 

Los sabuesos argentinos

La Sección Perros de Guerra de la Armada Argentina tenía la misión de brindar seguridad en Puerto Argentino, detectar infiltraciones del enemigo y alertar sobre posibles sabotajes.

Estaba integrada por 18 sabuesos con sus soldados guías y arribaron a Malvinas a bordo del ARA “Bahía Buen Suceso” el domingo 11 de abril de 1982, al mando del Teniente de Fragata infante de Marina, Miguel Paz, de acuerdo con la información publicada por el sitio oficial de la Marina.

“Desde su llegada y hasta que fueron al campo de prisioneros finalizada la guerra, la Sección de Perros de Guerra en Malvinas efectuó tareas de seguridad” y funcionó como “apoyo logístico a las tropas de primera línea”.

De esta sección hubo tres canes caídos en combate. El primero fue Keni, abatido por la metralla del enemigo. Los relatos indican que este ovejero alemán murió defendiendo a dos soldados del Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM5) que se habían quedado sin municiones durante el asalto final de los ingleses en los alrededores de Puerto Argentino.

Las otras dos bajas corresponden a perros desaparecidos en acción, llamados Negro y Ñaro. De acuerdo con fuentes navales, tanto sus cuerpos como sus collares jamás aparecieron y se los presume muertos, por más que algún deseo romántico pudiera imaginarlos asilvestrados por los campos de las islas, luego de haberse desorientado por el feroz estruendo de las bombas.

Como publicó la revista Soldados en 2010, hubo una versión “nunca confirmada, que señala que un oficial británico se quedó con uno de ellos. Por lo menos esa era la esperanza de la Sección”.

Hubo actuaciones destacadas que tuvieron finales felices, como la de los perros de combate Vogel y Xuavia. El primero, cuando fue atrapado junto a sus soldados, no se dejó quitar el collar, que los ingleses querían obtener como trofeo de guerra, indican los relatos. Vogel fue el primer perro de guerra de la Argentina en recibir una condecoración por su accionar en combate.

Xuavia, por su parte, una ovejera alemana cuyo guía fue el soldado clase 62 Carlos Silva, participó de varias misiones durante los combates en los alrededores de Puerto Argentino y una de ellas se ha transmitido año tras año como un ejemplo de amistad irrenunciable con los camaradas en lucha.

La noche del 13 de junio de 1982, horas antes de la rendición argentina, Xuavia se separó del grupo de soldados que estaba replegándose y pareció extraviarse en la oscuridad, durante el fragor de los bombardeos.

Al amanecer, una patrulla de infantes argentinos, guiada por sus ladridos, la encontró, a dos kilómetros de Stanley, dándole calor a un soldado herido que estuvo a punto de congelarse. Por su labor durante la guerra, Xuavia recibió la Medalla del Congreso Argentino.

 

 

 

Mortero, el ovejero dorado que cayó prisionero
Mortero fue un perro táctico del Regimiento Infantería Mecanizada 8 (RIM8) del Ejército Argentino, que se asentó en la Bahía Fox de la isla Gran Malvina, cuyo guía fue el cabo 1° Víctor Alberto Funes.

Como cuenta el VGM Carlos Alberto González, este ovejero dorado acompañaba a la patrulla por entre el campo minado de la gran isla oriental y se quedaba esperando en una tranquera a que volvieran los soldados de la misión. “Cuando regresábamos del Monte Sulivan, Mortero se alegraba de vernos”, recuerda González.

Con la rendición, los soldados fueron trasladados al buque inglés Norland como prisioneros de guerra, y Mortero fue uno más. Cuentan que los ingleses no lo querían llevar “porque les orinó las alfombras al buque”, pero ante la insistencia de los soldados, lo dejaron quedarse.

González dice que “cada Veterano ‘del 8′ tendrá alguna anécdota para contar, pero todos vamos a coincidir en que Mortero fue un soldado más del Regimiento”.

 

 

 

Tom, el cuzquito artillero
Los historiadores militares coinciden en que los perros son indispensables en los conflictos bélicos, y desde la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días las historias de animales heroicos abundan.

Más allá del apoyo táctico o la alerta en el combate, dando aviso de un ataque aéreo o de la infiltración de una patrulla enemiga, los perros resultan un apoyo emocional clave para los soldados.

Fuente: La Nación 

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