Fletero quedó cuadripléjico y creó marca de bikinis que es furo

    Dic 5, 2021

    Facundo, Federico y Francisco Prada, tres hermanos de 43, 40 y 37 años, son los dueños de una marca de trajes de baño, que desde 2006 es la única empresa del rubro en Argentina que fabrica sus prendas desde cero.

    Al principio, solo fabricaban para terceros, pero desde 2019 tienen su marca propia y han tenido un gran éxito de ventas. «En un el primer año, vendimos unas 4.000 prendas, el segundo, unas 9.000 (en plena pandemia) y para este 2021 estamos enfocados en vender 25.000», detalla Facundo.

    Pero sus comienzos no fueron nada fáciles, el origen de la empresa está asociado a una tragedia familiar y fue la salvación de su progenitor ante una catástrofe personal.

    Roberto Prada, era fletero y amante del físicoculturismo y el deporte hasta que, en 1982, sufrió un accidente al tirarse a una pileta de natación que lo dejó cuadripléjico porque se quebró la columna y no pudo salir más a trabajar. Nunca más iba a poder moverse.

    Así fue como, con cuatro hijos a su cargo y el cuerpo paralizado, se puso a pensar de qué podría seguir trabajando desde su nueva condición. «Mi mamá se ocupaba de él y, como mi abuela materna era costurera, decidió convocarla a su casa, que trajera su máquina de coser y pensar un negocio», recuerda Facundo Prada, el segundo de sus tres hijos.

    Así fue como Roberto contactó a la empresa Paul Klee, que era muy fuerte en esa época y fabricaba para Yves Saint Lorent y para El Corte Inglés, les hizo dos primeras muestras con la máquina de pedal de su suegra que, como él no podía moverse, llevó su mujer a la empresa y gustó tanto el diseño y la perfección que tenían las terminaciones, que le encargaron la primera producción.

    «Así, comenzó a dedicarse a la confección de bikinis. Mi papá, desde su cama, manejaba todo el negocio. Cumplía muy bien con los tiempos y la calidad del producto», recuerda. Si bien no había terminado la primaria, Roberto era muy inteligente para los negocios y, así, fue armando su fábrica y producía para varias marcas.

    Milagrosamente, dos años más tarde del accidente, Roberto comenzó a mover un dedo del pie y, poco a poco, comenzó a recuperar su movilidad en todo el cuerpo. Ya sabía qué les gustaba a sus clientes, tenía el negocio armado y pudo continuar con la actividad, ahora, más activamente.

     

    «Nunca estudió diseño, sino que aprendió trabajando, pero sus trajes de baño tenían muy buena moldería. Estudiaba mucho el cuerpo de la mujer y se enfocaba en que la terminación fuera perfecta, al nivel de las marcas internacionales», cuenta Facundo.

    Otra de las particularidades que tenían sus productos era que las materias primas que usaba eran importadas. Sin embargo, como diseñaba y producía para otras marcas, Roberto no logró establecer la suya propia.

    Como a la mayoría de los empresarios, nacionales, hubo épocas en las que le fue muy bien y otras en las que no tanto, «hasta que, después de 2001, terminó fundido y no se pudo recuperar».

    Durante algunas etapas, los hijos trabajaron en la empresa familiar. «Él nos pasaba todos sus conocimientos», recuerda Facundo. Pero había roces y no pudieron seguir compartiendo el negocio con él.

     

    Volver a las fuentes
    Fue entonces que decidieron dedicarse de lleno a la música. Teníamos un grupo que se llamaba Trío Prada y nos iba muy bien. «Yo bancaba mis estudios de ingeniería con la música porque tocábamos y dábamos clases», recuerda el hermano mayor. Pero llegó un punto en el que el trío musical estaba a punto de comenzar a crecer y fue entonces cuando decidieron abandonarlo y dedicarse a las bikinis.

    Así, como es muy común que suceda en las empresas familiares, recién cuando falleció, en 2006, pudieron tomar la posta y empezaron a dedicarse al diseño de bikinis. «Elegimos esto porque nos encanta. Somos apasionados. Así, fuimos dejando la música más como un hobby. Yo siempre me sentí inspirado por la capacidad de mi papá para tratar con los clientes», explica Facundo.

    La bienvenida fue muy cálida en el mercado dado que todas las marcas querían que les fabricaran las mallas gracias a la reputación que había creado Roberto. Su vástago cuenta que, tras la quiebra en 2001, «sólo nos quedó su conocimiento y la marca», pero estos fueron, sin dudas, grandes fuentes de inspiración para los hermanos, que aprendieron de los errores y aciertos anteriores, y decidieron crear un proyecto superador al de su antecesor.

    Si bien comenzaron trabajando los tres solos en una casa, el objetivo que se plantearon era establecer una estructura más grande que la de su papá «para no tener que tercerizar nada del proceso» porque eso te puede traer problemas en algunos momentos de la economía nacional. «Dependes de la situación de otros y eso no queríamos», explican.

    Hoy, trabajan alrededor de 40 empleados en la empresa, están certificando las normas ISO y quieren consolidarse como una marca de alta calidad en trajes de baño en Argentina. Aunque, no conformes con eso, los hermanos Prada también trascender fronteras y convertirse en una marca internacional de bikinis. «Tenemos planes de exportar a todo el mundo. De hecho, acabamos de lanzar nuestra marca en Brasil, en Río de Janeiro, donde tuvimos muy buen aceptación», dice.

    Y Facundo cuenta que gran parte de la clave de este éxito es que «no fabricamos trajes de baño conservadores, sino que tratamos de que sean innovadores y con mucho diseño y a muy buen precio». Pero, además, tal como les enseñó su papá, la confección es de primer nivel y las telas de alta calidad, «por lo que tienden a modelar el cuerpo y se adaptan a cada mujer», dijo sobre su marca Saint Maló Plage.