Coronavirus en Argentina y el dilema de padres y madres separados: ¿En qué casa se quedan los chicos?

Mar 20, 2020

Las leyes nunca previeron algo así: una pandemia que avanza, un encierro que se vuelve forzoso, restricciones de movilidad. Ante el escenario inesperado, padres y madres separados y con hijos se preguntan qué hacer: ¿Se mantiene la logística de siempre? ¿Se quedan solo en una casa?

Las preguntas siguen, son muchas: ¿pueden andar por la calle los chicos? ¿qué pasa con los padres que viven lejos, se sube a los niños a un colectivo, al subte, al tren? ¿se los mete en un auto para hacer 50 kilómetros? ¿se mantiene la dinámica de ir y volver todos los días, o día por medio, o solo los fines de semana? ¿quién lo decide? ¿pueden elegir los chicos?

Lo ideal y recomendable es pensar en el interés superior del niño. Y apostar al diálogo entre adultos. En algunas familias estas premisas podrán lograrse, en miles de otras no. Clarín consultó a especialistas.

«Esta situación es un imprevisto que no está planteado en ningún convenio porque claramente nadie nunca imaginó algo así. La ley tampoco plantea un supuesto como este. Así que lo primordial será pensar en los derechos de los niños», explica Marisa Herrera, abogada especialista en derecho de familia, investigadora del CONICET, una de las autoras del nuevo Código Civil y Comercial.

«En este pensar en el interés superior del niño lo que debe prevalecer si es que hay que llegar a la situación de tener que elegir una casa es que sea la que tiene el mayor arraigo, lo que llamamos el centro de vida del niño, que suele ser la casa que está más cerca del colegio, más cerca de los amigos, donde pasa mayormente sus días, y es mejor que sea así porque para los niños será lo más parecido a lo cotidiano», asegura Herrera.

«Pero siempre el progenitor que esté con el niño tiene que hacer lo posible para que el otro no pierda contacto con sus hijos, que continúe el vínculo, y que también pueda ser cotidiano: con llamadas, por redes, como sea. Lo que no se debe hacer es pelear por los hijos delante de ellos, es lo único que les falta en esta situación», agrega.

Y recuerda dos artículos del nuevo Código Civil. El 652: Derecho y deber de comunicación. En el supuesto de cuidado atribuido a uno de los progenitores, el otro tiene el derecho y el deber de fluida comunicación con el hijo. Y el 653: Cuidado personal unilateral. Deber de colaboración. En el supuesto excepcional en el que el cuidado personal del hijo deba ser unipersonal, el juez debe ponderar: a) la prioridad del progenitor que facilita el derecho a mantener trato regular con el otro; b) la edad del hijo; c) la opinión del hijo; d) el mantenimiento de la situación existente y respeto del centro de vida del hijo. El otro progenitor tiene el derecho y el deber de colaboración con el conviviente.

 

«Todo esto está fuera de la ley, está claro, así que lo que debemos hacer es resguardar a los chicos, esto de pensar en el interés superior del niño. No hay respuesta única pero debemos pensar seriamente en el bienestar físico y psíquico de los niños. Si no se puede mantener la rutina de las dos casas hay que preservar su salud y qué es lo mejor en este sentido. Y lo psíquico también», dice a Clarín la abogada Natalia Gherardi, al frente del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

«Ojalá esta situación tan extraordinaria pueda poner en suspenso las crisis, ojalá se pueda mantener un diálogo teniendo como faro el interés superior del niño. Desde ya hablamos de relaciones donde no hay violencia, porque en esos casos habrá que cumplir con lo que dicen las autoridades pero si esa no es la situación, es el momento de apelar al diálogo, no se trata de a quién quiere más un niño ni ponerlo en ese lugar sino que los padres puedan pensar en lo que es mejor para sus hijos», agrega la especialista de ELA.

«Ya están apareciendo planteos y es que el régimen común que se viene aplicando ya no se va a poder cumplir. Es un estado de situación excepcional. En los casos de violencia con restricción de acercamiento a mujeres y niños las estamos renovando de oficio«, explica a Clarín la jueza de familia Marcela Pájaro.

«Si la situación se complica ya no se podrá estar llevando y trayendo a los chicos de un lado para el otro. Lo primero que debemos hacer es plantear un diálogo razonable entre los padres. Es fundamental en estos momentos pacificar las relaciones humanas. Hay que ser tolerantes, porque de ninguna manera se puede subir a un chico a un colectivo. Lo que hay que evaluar es dónde va a estar mejor, donde va a sentirse mejor», agrega la jueza.