El Gobierno planea llegar en bicicleta a las elecciones

5 de febrero de 2019- Se acercan las elecciones y el Gobierno parece encaminarse nuevamente a intentar “planchar” el precio del dólar con fines electorales. Lo hizo Cristina Fernández en 2011 y 2015, lo hizo Mauricio Macri en 2017, ¿y en el 2019?

Unos utilizan mecanismos “anti mercado” para contener el precio del dólar, como restricciones, desdoblamientos, cepos e impedimentos para comprar moneda extranjera. Otros se valen de instrumentos “pro mercado”, como la suba agresiva de la tasa de interés, encarecer el crédito y fomentar el ingreso de capitales especulativos para que, artificialmente y por el lapso de unos meses, el dólar no se mueva.

Las dos cosas terminan mal, no porque lo diga un modelo matemático, sino porque ya lo vivimos demasiadas veces en la Argentina. Planchar el dólar en 2011 para las elecciones presidenciales terminó en el cepo cambiario y en la primera crisis económica autogenerada por el gobierno anterior en 2012. Como el cepo no fue suficiente, en enero 2014 hubo una devaluación del 25%, generando ese año un pico de inflación y la caída del PBI. El gobierno de Mauricio Macri liberó el Cepo de la noche a la mañana, produciendo en 2016 un nuevo brote inflacionario y caída de la actividad. El masivo ingreso de capitales financieros para comprar LEBACS en 2017 planchó el tipo de cambio e incubó la brutal devaluación de 2018.

Ahora, con tasas de interés por las nubes, el canal de crédito de la economía destruido, una coyuntural buena cosecha, y reestableciendo una nueva bicicleta financiera, el Gobierno pretende llegar a las elecciones con dólar planchado, y precios aparentemente “más calmos”. Pero no será más que sembrar futuras tempestades. Nuevamente.

La nueva bicicleta financiera consiste en tener una inflación anualizada del 28/30% y tasas de interés del 50/60%. Esto significa casi duplicar la inflación y, por lo tanto, apostar al peso. Pero sólo temporalmente: como todo negocio de “tasa”, la clave es salir a tiempo, y cuando todos salen y se produce la avalancha, el dólar se dispara, y todos volvemos a hablar del mismo tema.

Mientras el Gobierno utilice al dólar como herramienta electoral, será muy difícil construir un futuro sustentable.

Un país emergente de ingreso medio como el nuestro debe basar su fuente de riqueza en la exportación de bienes y servicios, de valor agregado, como estrategia de desarrollo permanente, y no como una coyuntura producto de una devaluación puntual. Debemos ser permanentemente competitivos, y ello implica que nuestras empresas tienen que tener un tipo de cambio estable. Ello no significa que sea excesivamente alto, sino que sea razonablemente competitivo y que se mantenga a lo largo de los años.

Si realmente estamos en un esquema más sustentable y con mayor estabilidad, ¿Por qué no bajan la tasa de interés? Al no hacerlo, por riesgo a que ello genera una nueva corrida hacia el dólar, es una señal de que esta artificialmente sostenido y que existen importantes desequilibrios.

No se trata de ser partidario de una devaluación, que siempre tiene efectos malos, sino de ser conscientes que un país con inflación del 30% anual y dólar planchado, tarde o temprano termina en una disparada del dólar; el problema es que cuando ello sucede pierden los sectores medios, bajos y la producción, ganan pocos muy sectores, y se estimula la bicicleta financiera.

La economía real se encuentra paralizada, cada indicador que se publica muestra que los sectores económicos y el empleo están funcionando muy por debajo de sus posibilidades, la industria con capacidad ociosa cada vez mayor, las ventas en supermercados y centros de compra en caída libre, al igual que el empleo.

La Argentina tiene que profesionalizar su administración y sacar determinadas decisiones de la discrecionalidad política. Mucho se ha hablado de la independencia del Banco Central, pero con uno y otro gobierno, siempre resulta totalmente alineado a las necesidades electorales de la administración de turno. Debemos desterrar estas prácticas de nuestra política, porque el daño en el mediano plazo es mayor que los beneficios coyunturales.

Fuente: Ambito.com

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