Incluyen perros como parte de la terapia para personas alcohólicas

Enero de 2019- Además de ser excelentes compañeros, los perros se destacan por su aporte a la salud de las personas: lazarillos, rescatistas e incluso acompañantes para determinados trastornos como el autismo. Tal vez todos estos antecedentes hicieron que un hospital español tome la decisión de incorporarlos a la terapia para personas con adicciones.

En un comunicado, el Instituto de Investigación del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid indicó que concluyeron con éxito un proyecto de investigación “que analiza los beneficios de la terapia asistida con animales en la rehabilitación de pacientes alcohólicos”. Según la Institución, el método “puede llegar a ser eficaz y contribuir al abandono de la adicción”.

Para la experiencia convocaron a Ras y Fox, dos perros rescatados que fueron adiestrados para esta tarea. Ambos se unieron una vez por semana a la terapia grupal y realizaron ejercicios para destacar su comportamiento ante situaciones que podrían resultarles difíciles, como buscar un juguete escondido o seguir un recorrido sin distraerse con las golosinas que los rodeaban.

Ras y Fox visitan la terapia grupal una vez a la semana desde octubre.

Lo que el equipo de especialistas esperaba era que la tenacidad de los animales sirviese de espejo a los pacientes para demostrarles que es posible tener éxito –y en su caso lograr la abstinencia, que es la meta de la terapia que realizan– a pesar de los obstáculos.

“Buscamos mejorar la motivación de los pacientes y establecer vínculos para que estos se identifiquen con los animales y mejoren el conocimiento de su enfermedad”, declaró el jefe del servicio de Psicología Gabriel Rubio al diario El País. El especialista aclaró que este método es complementario a los tratamientos y terapias y que apuntan a un abordaje integral del alcoholismo.

Eugenio Sánchez, un paciente de 65 años, indicó: “Lo que aprendo es lo que hace el perro, es decir, me fijo en otros estímulos para superar aquellos que nos incitan a beber, como la ansiedad o la depresión”. Esta etapa preliminar comenzó en octubre y acaba de finalizar. En una próxima instancia, se proponen ampliar la investigación a 90 participantes y dividirlos de tal forma que algunos estén en contacto con animales y otros no, para poder dimensionar sus efectos.

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